El Supremo da a Trump una «gran victoria» contra la inmigración

Podrá denegar asilo a los centroamericanos que no lo pidan antes en Guatemala o México mientras la medida se dirime en tribunales

Ciudadanos mexicanos que huyen de la violencia, hacen cola para cruzar a EE.UU. para solicitar asilo en el puente fronterizo de Ciudad Juárez
Ciudadanos mexicanos que huyen de la violencia, hacen cola para cruzar a EE.UU. para solicitar asilo en el puente fronterizo de Ciudad Juárez

Washington / E. La Voz

Es un país construido por emigrantes y ha servido durante décadas de refugio para millones de personas de todo el mundo, pero Donald Trump llegó a la Casa Blanca con un mensaje radicalmente opuesto y está cerrando las fronteras de Estados Unidos a la compasión y la empatía, a la vez que elude la responsabilidad que conlleva ser la mayor potencia mundial. El último espaldarazo a sus políticas antiinmigratorias lo ha recibido del Tribunal Supremo.

La máxima instancia judicial del país concedió que la Administración puede aplicar una de sus medidas más polémicas en materia de política de asilo mientras los tribunales inferiores resuelven su legalidad. Hasta que eso suceda, lo cual puede dilatarse meses y acabar llegando al propio Supremo, la Casa Blanca podrá rechazar la petición de asilo en la frontera sur de aquellas personas que no lo hayan solicitado en otro país durante su travesía.

Las consecuencias son peligrosas para los cientos de miles de centroamericanos que siguen huyendo de la violencia en países como Honduras, El Salvador y Guatemala. La norma establecida por el Gobierno estadounidense es que salvadoreños y hondureños -además de ciudadanos de otros países que sigan esta ruta hacia el norte- han de pedir asilo en Guatemala, mientras los guatemaltecos lo han de hacer en México si quieren tener alguna opción de solicitar asilo. Solo ser rechazado en uno de estos países garantiza, en teoría, que Washington escuche los motivos de la persona que ruega refugio.

La ayuda de López Obrador

Para Donald Trump es una «gran victoria» porque, a falta de muro, es un factor más que conduce a la reducción del número de inmigrantes. Otros incluyen la reciente cooperación del México de López Obrador que desde este verano ha empezado a responder a la amenaza de Trump de aranceles a las importaciones mexicanas con un despliegue policial y militar que ha logrado reducir notablemente la llegada de emigrantes a Estados Unidos.

El canciller mexicano, Marcelo Ebrard, de visita en Washington esta semana, destacó que «el riesgo de una confrontación entre México y Estados Unidos está más lejos». Lejos o no, cada día está más claro que su país y Guatemala se convierten de hecho en terceros países seguros, un concepto referido a aquellos estados que se entiende ofrecen las mismas garantías de asilo que, en este caso, Estados Unidos.

Marcelo Ebrard insistió en que «no aceptaremos el famoso tercer país seguro», pero México ya aceptó albergar en su territorio a quienes pidan asilo en EE.UU. mientras se procesa su caso. En el primer semestre del 2019, las peticiones en territorio mexicano se triplicaron respecto al primer semestre del año pasado.

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