Joshua Wong, embajador de los prodemócratas de Hong Kong

El rostro de la Revolución de los Paraguas viaja a Alemania y Estados Unidos en busca de apoyos

El activista hongkonés Joshua Wong, a su llegada la noche del lunes a Berlín
El activista hongkonés Joshua Wong, a su llegada la noche del lunes a Berlín

Pekín / E. La Voz

Joshua Wong, la cara más conocida de las protestas en Hong Kong, visita Alemania y Estados Unidos en busca de apoyos internacionales para el movimiento prodemocracia. El activista llegó este lunes a Berlín para participar en la fiesta que organizaba el diario Bild y que reunía a personalidades destacadas de la política y la economía. Hoy y mañana tiene previsto entrevistarse con políticos alemanes y dar ruedas de prensa para denunciar la situación que vive Hong Kong. Después seguirá rumbo a Estados Unidos donde ha sido invitado a dar conferencias.

Viaje precedido de la polémica. Wong fue detenido el domingo en el aeropuerto acusado de violar las condiciones de su libertad bajo fianza. Tras pasar un día en la cárcel, un juez lo ha puesto en libertad confirmando que tenía permiso judicial para realizar estos viajes.

El activista y su partido, Demosisto, han denunciado la detención como una nueva forma de presión. Antes de subir al avión dio las gracias a su equipo por conseguir su libertad y afirmó que «Joshua Wong es más que solo una persona con gafas», es «todo un equipo que se esfuerza por un mejor apoyo de la comunidad internacional a Hong Kong». En su cuenta de Facebook asegura que su objetivo es convencer a los alemanes para que vinculen las negociaciones comerciales con China al respeto a las libertades de Hong Kong, dejen de vender armas a la policía y faciliten el asilo político a los habitantes de la excolonia.

El movimiento prodemocracia es muy consciente que necesita llamar la atención internacional sobre sus reivindicaciones como fórmula de presión al gobierno de Hong Kong. Y también evitar así que China utilice la violencia para acabar con las protestas. 

Emblema de una generación

Joshua Wong se ha convertido en el mejor embajador de la causa; su sola imagen simboliza las protestas. Nació un año antes del cambio de soberanía y ha crecido en el Hong Kong de «un país, dos sistemas». No puede añorar ningún período colonial, ni una democracia que nunca ha conocido, pero como toda su generación defiende el sistema de libertades de la excolonia y aspira a ampliarlos.

En el 2014 se convirtió en el rostro de la Revolución de los Paraguas. Era un estudiante de secundaria de 17 años, de clase media. El aire de adolescente aniñado, con pantalones cortos, flequillo, gafas de pasta y megáfono en mano dio la vuelta al mundo.

Los jóvenes reclamaban el sufragio universal. Ocuparon durante 79 días el centro financiero de la ciudad, sin éxito en sus objetivos. Cinco años más tarde las movilizaciones han regresado a las calles, pero esta vez mucho más masivas. El rechazo a una propuesta de ley de extradición a China ha unido a la población provocando la mayor crisis política desde 1997. La jefa del Gobierno, Carrie Lam, se ha visto obligada a retirarla, pero la concesión ya no es suficiente y se exigen reformas democráticas.

Los activistas han aprendido de los errores del 2014. La mayoría de ellos, incluido Wong, pasó por los juzgados y fue condenado por organizar movilizaciones. Ahora no hay portavoces visibles. Se organizan a través de las redes.

A pesar de ello, Wong sigue siendo el rostro asociado al movimiento prodemocrático. Salió de la cárcel al día siguiente de la histórica manifestación que reunió a dos millones de personas en junio. A las pocas horas ya estaba en las concentraciones atendiendo a la prensa y el 30 de agosto fue detenido junto a otros activistas acusado de convocar manifestaciones ilegales. Está en libertad bajo fianza a la espera de juicio.

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