¿Por qué los laboristas no quieren elecciones?

El líder de los laboristas, Jeremy Corbyn
El líder de los laboristas, Jeremy Corbyn

Este viernes se ha seguido hablando de la aprobación en Gran Bretaña de la ley para posponer el brexit como si fuese una victoria decisiva de los proeuropeístas. En realidad, se ha vuelto irrelevante, ahora que está claro que va a haber elecciones. Si todo ocurre como predicen las encuestas (ojo a este matiz), Boris Johnson las ganará con una mayoría absoluta, que será además una mayoría cómoda, porque para entonces habrá retirado de las listas a los diputados díscolos de su partido. Los que jalean la «humillación» de Johnson en las votaciones de esta semana van dos pasos por detrás de los estrategas de Downing Street, que ya han convertido esas derrotas en una herramienta para eliminar obstáculos del camino. Si Boris ganase (nótese de nuevo el condicional) podría, simplemente, cancelar esa prórroga del brexit que se acaba de votar, y hacer aprobar el acuerdo que quiera. O ninguno, y salir de la UE sin acuerdo. El discurso de que «ahora la gente ya no quiere el brexit» o que «no sabía lo que votaba» o que «no votaron por un brexit duro» dejaría de tener validez.

Por eso, y por ninguna otra razón, la alianza de los laboristas y los antibrexit se resiste a las elecciones. Saben que es muy difícil que de ellas resulte un Parlamento como el actual, que tiene, para ellos, la ventaja de no ser representativo. Toda la realidad del movimiento para frustrar brexit se basa en esa anomalía democrática: en que una mayoría aplastante de distritos votó a favor del brexit, pero muchos de los diputados que los representan son partidarios de la UE. Es un Parlamento en el que no hay mayoría para anular el brexit, pero sí para mantener un bloqueo permanente a cualquier intento de hacerlo efectivo. El plan de los antibrexit era seguir votando prórrogas al brexit hasta que hubiese unas nuevas elecciones y el público británico les diese la razón, pero, ahora que esa posibilidad se ha presentado por fin, miran los sondeos y les entran las dudas.

Esas dudas se resolverán pronto. Aunque la ley impide al primer ministro convocar elecciones directamente, hay otras fórmulas a las que puede recurrir. Johnson puede modificar la ley por mayoría simple, o puede presentar una moción de censura contra sí mismo (tal y como están las cosas, a nadie le va a llamar la atención un despropósito semejante). Frente a esto, lo mejor que pueden hacer los antibrexit es retrasar los comicios lo más posible. Johnson querría que fuesen este mes, para no tener ni siquiera que pasar por la prórroga del brexit. Los laboristas harán que sean en noviembre, para así forzar a Johnson a pasar el mal trago de pedir la prórroga. Después de asegurar a sus electores que no lo haría jamás, se supone que esto dañará su prestigio y hará que algunos de sus votantes se vayan al Partido del Brexit. Por eso Johnson sobreactúa tanto estos días. Aunque a veces se pasa en esa sobreactuación, le conviene aparecer como un radical: el representante del pueblo frente a las élites. Demagógico, pero no de del todo falso.

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