Erdogan inicia una caza de brujas en Turquía contra los refugiados sirios

El presidente y la población los han convertido en chivos expiatorios de la recesión económica que atraviesa el país

El tendero sirio Ahmed, en su tienda de Estambul
El tendero sirio Ahmed, en su tienda de Estambul
m. b.
Redacción / La voz

El presidente Recep Tayyip Erdogan convirtió Turquía en el principal país de acogida para los refugiados sirios cuando se inició la guerra civil en la república de Bachar Al Asad en el 2011. Desde entonces, 3,6 millones de desplazados han cruzado sus fronteras. Los recibió sin reserva, tal como testimonió en la Asamblea de General de la ONU del 2016: «Les abrimos las puertas porque somos humanos», declaró entonces. Sin embargo, ahora que el país afronta una crisis económica, ha decidido expulsarlos del país euroasiático bajo estricto silencio gubernamental.

Según informó el diario The Washington Post, Turquía expulsó en las últimas semanas a cientos de sirios. Lo confirmaron sus abogados y los propios desplazados. Los que corrieron esa suerte se vieron obligados a firmar sus deportaciones a zonas del norte de Siria, incluida la provincia de Idlib, que se encuentra asediada por Al Asad y las tropas de Rusia. El medio turco Ahval advirtió el pasado día 20 de que también han aumentado los allanamientos en casas y negocios de los refugiados en Estambul y que esta dinámica ha contagiado también a Ankara, donde han cerrado decenas de comercios sirios. 

Destinos con truco

Para residir en una ciudad turca, los refugiados sirios tienen que registrar una solicitud de «protección temporal». El gobernador de Estambul comunicó el pasado martes que la ciudad no tramitará nuevas solicitudes y dio hasta el 20 de agosto a los registrados en otras provincias del país que sean residentes en la metrópoli para volver a las urbes donde las solicitaron.

Según el activista turco Asaad Hanna, esa es la estratagema que utiliza el Gobierno para expulsar a los refugiados del país: mandarles a distintas ciudades dentro de Turquía para que parezca que han solucionado sus problemas con los papeles para luego devolverles a su país. Además, denunció en redes que «el arresto de sirios en Estambul no se ha detenido incluso después de que el Gobierno turco diera un tiempo para que los sirios arreglasen su situación legal». Para el Ejecutivo, los migrantes son «invitados» y no refugiados. No se les reconoce un estatus jurídico que les permita contrarrestar las políticas de devolución. 

Estambul, el principio del fin

En la capital económica del país, Estambul, residen la mayoría de «invitados» sirios (más de 500.000), y es allí donde, paralelamente, ha arraigado con fuerza el recelo hacia ellos, ya que gran parte de la población (un 67,7 %, según una encuesta de la Universidad de Kadir Has citada por el New York Times) siente que compite laboralmente con los desplazados para obtener un trabajo. El país cerró el primer semestre del año con un 13 % de tasa de desempleo, según el Instituto de Estadística de Turquía.

El AKP, partido de Erdogan, fue criticado por muchos electores dar acceso a los sirios a servicios como la sanidad o la educación. Ekrem Imamoglu, del Partido Popular Republicano (CHP) y rival del AKP, ganó la alcaldía de Estambul encarnando ese espíritu antisirio. Ahora, Erdogan quiere vestirse de Imamoglu para no perder la presidencia en el 2023.

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