El nombramiento de Borrell como jefe diplomático de la UE está en peligro

El ministro de Exteriores acusa a los secesionistas de querer sabotear su designación

Federica Mogherini, actual responsable de la diplomacia de la UE, con su posible sucesor, el ministro de Asuntos Exteriores en funciones, Josep Borrell
Federica Mogherini, actual responsable de la diplomacia de la UE, con su posible sucesor, el ministro de Asuntos Exteriores en funciones, Josep Borrell

Bruselas / Corresponsal

La posibilidad de que España celebre nuevas elecciones para poner fin al bloqueo político en el país es una opción cada día menos descabellada. Ninguno de los partidos protagonistas de las negociaciones quiere verse en ese escenario, proclive a una mayor abstención y volatilidad del voto. «Pensamos que eso no sería nada bueno para el país, pero depende del resto de partidos políticos», deslizó ayer el ministro español de Exteriores en funciones, Josep Borrell, a su llegada a Bruselas.

Nadie puede estar más interesado que el catalán en que el presidente socialista, Pedro Sánchez, logre formar un Ejecutivo, despejando la incertidumbre de unos nuevos comicios que pueden echar por tierra sus opciones de ser nombrado Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores. Una designación que, de confirmarse, sería para España como «poner una pica en Flandes», según fuentes diplomáticas. 

El perfil adecuado

El cargo es goloso para alguien del perfil de Borrell, bregado en temas delicados para España como la crisis en Venezuela o las relaciones con Marruecos. Pero el ministro ha preferido mostrarse cauteloso ante la perspectiva de no contar con los apoyos suficientes en el Parlamento Europeo o ante la posibilidad de que el escenario político en España acabe dilapidando sus opciones. «Todas las circunstancias pueden influir en ello», ha reconocido.

También la ofensiva lanzada por los independentistas catalanes podría minar sus opciones. El catalán cree que la voluntad de sabotear su candidatura es real y que, detrás de las acusaciones de espionaje contra las delegaciones de la Generalitat catalana en el exterior, solo se esconde el deseo de eliminar a un enemigo incómodo. «Ni la Generalitat de Cataluña tiene embajadas ni el Ministerio de Exteriores tienen espías», zanjó Borrell.

Está por ver si los esfuerzos propagandísticos de la red independentista desplegada en Bruselas surten efecto. El objetivo que persiguen es inclinar el voto de los eurodiputados en su contra si la candidatura finalmente prospera. Como cualquier otro comisario, Borrell deberá someterse en el mes de septiembre a una audiencia pública en la Eurocámara. Necesitará el apoyo de al menos dos tercios de los partidos con presencia en la Comisión de Exteriores para poder hacerse con el cargo. De lo contrario, la comisión haría pública una carta de reprobación para rechazarlo. Y por el momento, nada está asegurado: «Haré lo que pueda para conseguir el mayor número de votos a la candidatura […] Un terremoto, cualquier accidente natural le podría afectar», explicó con sorna.

Sus declaraciones llegan tras una intensa semana de contactos en la Eurocámara y la Comisión Europea. Una gira con la que ha tratado de granjearse el mayor número de votos posibles. Hay otro factor que podría complicarle las cosas. Al margen de las acometidas independentistas, el español ha criticado en público el papel de la UE al actuar demasiado tarde en conflictos como el de Venezuela, para el que el ministro tiene «una sensibilidad especial», aseguran fuentes europeas.

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