El ministro estrella de Macron, acosado por los gastos suntuarios de fondos públicos

Por ahora Rugy salva su cabeza, pero no se sabe hasta cuándo. Nadie ha salido su defensa


parís / e. la voz

En Francia, las altas esferas del Estado viven momentos de pánico ante el anuncio de un nuevo affaire de verano: el langostagate. El ministro de la Transición Ecológica, François de Rugy, dice que no tiene «absolutamente ninguna razón de dimitir», pero desde hace tres días está en el centro de las críticas y burlas por las informaciones destiladas por Mediapart, que describe «La vida de palacio a cargo de los fondos públicos de los esposos Rugy», cuando ocupaban el Hôtel de Lassay, residencia del presidente de la Asamblea Nacional. Según Mediapart, el ministro y su mujer multiplicaron entre el 2017 y el 2018 «los ágapes entre amigos, dignos de las grandes cenas de Estado» y para ilustrar sus afirmaciones han publicado fotos de una espectacular bandeja de langostas para una cena a la luz de las velas.

A esta noticia se han sumado otras como las obras en su apartamento oficial, por valor de 63.000 euros o el disfrute de una vivienda social en Nantes. Otros medios añaden la compra de un secador de pelo por 500 euros, un tercer chófer para llevar al hijo de su compañera al colegio, o cenas con lobistas fuera de la agenda pública.

En una entrevista en BFMTV, Rugy, número dos del Gobierno, aseguró ayer que tiene toda la confianza de Emmanuel Macron y su primer ministro, Edouard Philippe, y que las informaciones de Mediapart son «mentiras». El ministro se defendió como gato panza arriba. «¡No me gusta la langosta, soy alérgico, no me gustan las ostras, detesto el caviar y el champán me da dolor de cabeza!», afirmó furioso, y al borde de las lágrimas aseguró que «jamás» ha utilizado indebidamente una vivienda social, que el piso del que habla Mediapart lo adquirido cuando se separó de su primera mujer, y había aportado al semanario toda la información de la transacción.

Aun así, la situación del ministro es delicada. El jueves, tras conocer la segunda salva de revelaciones, decidió continuar con su agenda, pero tuvo que interrumpir precipitadamente un viaje a Deux-Sèvres porque había sido convocado por el jefe del Gobierno, preocupado por el impacto que pueda tener el caso en la acción del Ejecutivo. Tras la entrevista con Philippe, el palacio de Matignon emitió un comunicado anunciando una inspección «que permitirá verificar el respeto de las normas en vigor y el principio de ejemplaridad que se impone a todos los ministros».

Exceso de pragmatismo

El punto débil de Rugy es su macronismo tardío, y un exceso de pragmatismo. Comenzó su carrera política en el 2002, como colaborador de un grupo de diputados comunistas y ecologistas, pero un acuerdo con los socialistas le permitió ser elegido por primera vez diputado en el 2007. En el 2012, abandonó definitivamente a Los Verdes porque se negaban a entrar a formar parte del Gobierno de Manuel Valls. No fue nombrado ministro, pero acabó presentándose a las primarias de la izquierda, en las que no obtuvo más que un 3,8 % de votos, lo que no le impidió ser elegido meses más tarde presidente de la Asamblea Nacional.

Por ahora Rugy, que llegó al cargo por la dimisión de su antecesor, salva su cabeza, pero no se sabe hasta cuándo. Nadie ha salido su defensa.

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