Sarkozy escribe sus memorias y ajusta cuentas

Critica a Hollande por su descortesía en el traspaso de poder y arremete contra Royal por su incompetencia


París / E. La Voz

Nicolas Sarkozy ha decidido poner por escrito sus recuerdos bajo el título Passions (Pasiones). No ha querido utilizar los archivos, sino reflejar solo lo que le ha quedado en el corazón y la memoria del camino que emprendió hasta alcanzar la presidencia de la República. Desde su primer mitin en Niza, en 1979, ante sus mentores Jacques Chirac y Charles Pasqua, hasta su elección como presidente de Francia en el 2007.

Sarkozy habla de los hombres y mujeres con los que se ha cruzado a lo largo de sus 30 años de vida pública. Cita sobre todo a Chirac, de quien «bebía sus palabras» cuando era joven, aunque llegaron a estar enfrentados de forma «brutal». Dice que «siempre fue mejor candidato que presidente», pero reconoce que sin Chirac y su mujer, Bernadette, no habría llegado a ser lo que es hoy.

Emmanuel Macron es de los que salen mejor parados, aunque le advierte que «si la juventud es un gran baza para conquistar el poder, es una debilidad cuando se tiene que ejercer».

Peor parado sale François Hollande, a quien no perdona su «descortesía, sobre todo con Carla», en el traspaso de poderes. Aquel día, Hollande no acompañó a Sarkozy y su mujer hasta el coche para despedirlos, ni siquiera tuvo la deferencia de esperar a que salieran. Prefirió dejarlos ahí, en el patio, y dar media vuelta.

También ajusta cuentas con su antigua rival en la carrera por la presidencia, Ségolène Royal. Se pregunta «si daba muestras de incompetencia por voluntad política o si, más probablemente, no poseía ni el conocimiento ni la comprensión de los temas que trataba». Reconoce que es una mujer con valentía y carisma, pero afirma que las cualidades humanas no son «la parte más evidente de su personalidad».

Aunque no se trata de una autobiografía, Nicolas Sarkozy no elude los peores momentos en el ámbito personal. Durante veinte años, él y su mujer Cécilia formaron una pareja que ambicionaba el poder. Pero la complicidad se rompió poco antes de alcanzar el objetivo que se habían fijado, la presidencia de la República, y se consumó tras llegar al Palacio del Elíseo. Sarkozy reconoce que su actitud aquellos meses pudo «desestabilizar a los franceses».

De aquellos días no perdona las burlas de algunos, como las de su gran rival, Dominique de Villepin, quien comentó sobre Sarkozy: «¿Cómo puede dirigir Francia si no puede ni controlar a su mujer?». Era un secreto de polichinela que la situación con Cécilia no iba a durar. Siete años después, Sarkozy reconoce que fue una «debilidad» no ponerle fin en su momento.

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