Más presión sobre Moro, el ministro estrella de Bolsonaro

Nuevas revelaciones apuntan a su parcialidad en el juicio a Lula

Moro compareció esta semana otra vez en el Congreso
Moro compareció esta semana otra vez en el Congreso

Brasilia / corresponsal

La presión sobre Sergio Moro, el exjuez y ahora ministro de Justicia símbolo de la lucha contra la corrupción en Brasil, aumenta con cada nueva revelación de los mensajes que intercambiaba en Telegram con el fiscal responsable de la operación Lava Jato, Deltan Dallagnol, y otros integrantes del grupo de élite que investigó la mayor trama de corrupción de América Latina. Esta vez, los textos publicados por la revista Veja, en colaboración con la web The Intercept, propiedad del periodista Glenn Greenwald, apuntan de nuevo a la hábil utilización de pruebas, tiempos, operaciones policiales y hasta la conveniencia o no de ciertos testimonios para dirigir de facto la operación Lava Jato, rompiendo presuntamente el principio de imparcialidad del magistrado. Así lo creen al menos las defensas de muchos condenados en el proceso, especialmente el expresidente Lula da Silva, encarcelado por más de 8 años por sentencia de Moro.

Las últimas revelaciones resultan más onerosas si cabe que las primeras porque Veja es una revista de claro cariz conservador y alineada con posturas de la derecha oficialista encabezada por el exmandatario Fernando Henrique Cardoso. Que Greenwald, identificado en su día con Edward Snowden, concediese casi 700.000 mensajes a Veja puede ser visto como un intento de limpiar de sesgo ideológico el hecho de que Moro, ministro estrella del Gobierno Bolsonaro, pudiese haber cometido un grave error de forma (nada hay por ahora que discuta los indicios condenatorios) al encarcelar a Lula.

Consejos y sugerencias

Los mensajes muestran a Moro aconsejando, riñendo y sugiriendo, cuando no ordenando, acciones de la investigación a Dallagnol. Incluso ambos celebran con alegría el alineamiento de Eduardo Fachin, uno de los jueces del Supremo, en sus causas. Especialemente significativa es la negativa del entonces juez a que el diputado Eduardo Cunha (que tiene el dudoso honor de estar considerado el hombre más corrupto de Brasil) se acogiese a una delación premiada para aliviar su pena de más de 30 años de cárcel. Cunha está considerado el pergeñador del impeachment de Dilma Rousseff. «Espero que no procedan», dijo Moro a Dallagnol cuando escuchó la posibilidad del testimonio de Cunha.

Los mensajes publicados por Veja demuestran que, al menos por segunda vez, Moro maniobró para quedarse en su juzgado de Curitiba un caso de corrupción que, por jurisprudencia, no le correspondía. Mensajes de sus colaboradores aseguran que el Ruso (como se refieren a Moro) no tendría prisa en pasar a un juez federal una agenda de un empresario con sobornos a políticos. El juez federal se había quejado a Moro de que no le trasladaba un caso que implicaba a diputados aforados. Finalmente, Moro dio su brazo a torcer. Antes, se supo que arrebató a la Justicia de São Paulo un caso más importante: el de la vivienda supuestamente entregada a Lula da Silva por empresarios.

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