Mofa por la presencia de Ivanka Trump en el G20

«Daña nuestra diplomacia», reprochan a la hija del presidente de EE.UU., que también aspira a llegar algún día a la Casa Blanca

efe

Washington / Colpisa

Si Paris Hilton pudiera jugar a leer comunicados oficiales y codearse con jefes de gobierno probablemente se la vería tan inapropiada y fuera de lugar como a Ivanka Trump en la cumbre del G-20 porque, «aunque les sorprenda a algunos, ser la hija de alguien no es una cualificación profesional», tuiteó sarcástica la congresista más joven de EE.UU., Alexandria Ocasio-Cortez (AOC).

Con eso se hacía eco de la polémica que incendió las redes sociales y las inundó con la etiqueta #UnwantedIvanka de fotografías históricas alteradas por photoshop para introducir a la hija mayor de Trump en situaciones completamente fuera de lugar, como la que protagonizó este fin de semana en Osaka (Japón). Probablemente no era la primera vez que los líderes del mundo se sentían irritados por la presencia de esta joven de 37 años en ambientes reservados para jefes de Estado. Por eso el Palacio del Elíseo hizo público un vídeo casero que recoge el momento en el que su presidente, Emmanuel Macron, y la primera ministra británica en funciones, Theresa May, intentan tener una conversación política en presencia del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, y la presidenta del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, sin que Ivanka Trump deje de interferir.

Al principio sus interjecciones son banales y afirmativas, «¡Exacto!», «¡Eso mismo!». Luego intenta añadir algo inteligente sobre «un mundo dominado por los hombres», en el papel que quiere asumir de adalid de las mujeres, pero que no casa con la conversación sobre las consecuencias económicas de problemas de justicia social que Macron y May discutían. Las caras hablan por sí mismas, sobre todo la de Lagarde, que la mira de refilón con obvio desdén.

«Una presencia increíble»

El problema ya no es el ridículo mundial que hace EE.UUal imponer la presencia de este personaje de la farándula al que su padre llama «baby» en reuniones oficiales y nombró asesora para tenerla cerca. «Daña nuestra diplomacia», advirtió la congresista que hasta el año pasado trabajaba de camarera en una taquería, como le echaron en cara los seguidores de Trump. «Sería bueno que ella también supiera lo que es trabajar de camarera», se defendió. «Y además, también trabajé para el senador Ted Kennedy, dirigí proyectos contra el analfabetismo en el Bronx, estudié Desarrollo y Economía de Africa Occidental, fui directora de educación y gané varias competiciones científicas internacionales». Lo peor aún puede estar por venir.

En abril, Trump confirmó en una entrevista con la revista The Atlantic que consideró nombrar a Ivanka embajadora ante la ONU y hasta consejera del Banco Mundial, pero se inhibió porque sabe que «la habrían acusado de nepotismo». Es de esperar que cualquier día superará los escrúpulos. Como diplomática en Naciones Unidas «habría sido genial» porque «tiene una presencia increíble, cuando entra en una sala todo el mundo se la queda mirando». Y para el Banco Mundial, porque «es muy buena con los números».

Eso sería solo un peldaño para su currículo antes de llegar a lo que más anhela, «si alguna vez quiere ser presidenta será imbatible», dijo orgulloso su padre. Según contó Michael Wolff en Fire & Fury (Fuego y furia), varios miembros de la familia Trump quieren sucederle cuando complete los dos mandatos que le permite la Constitución, pero tanto Jared Kushner, el yerno, como Donald Trump Jr. han aceptado ceder a Ivanka la oportunidad de convertirse en la primera mujer presidenta de EE.UU., que es lo que verdaderamente aspira a ser. 

Mientras los líderes del G20 arreglan el mundo, sus parejas dan de comer a los peces

G.B.
El marido de Teresa May y las esposas de los líderes reunidos en el G20 en Osaka, dan de comer a unos peces en el templo Tofuku-ji en Kioto, el pasado día 28
El marido de Teresa May y las esposas de los líderes reunidos en el G20 en Osaka, dan de comer a unos peces en el templo Tofuku-ji en Kioto, el pasado día 28

La imagen del acto organizado para las consortes de los mandatarios crea una fuerte polémica política y duras protestas en las redes sociales

La imagen de las parejas de los líderes internacionales reunidos en la cumbre del G20 en Osaja (Japón) dando de comer a los peces mientras sus esposas o maridos se dedicaban a debatir sobre los problemas geostretégicos del mundo ha provocado una polémica y una fuerte campaña de rechazo en las redes sociales. En la agenda elaborada específicamente para las parejas de los mandatarios se incluía una visita al templo Tofuku-ji en Kyoto, en donde se pudo ver al grupo alimentando a las coloridas carpas, algo que supone una milenaria tradición en el país asiático. Entre el grupo, se pudo observar a Begoña Gómez, la mujer del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, aplicándose a esa tarea de echar migas a las carpas mientras departía con la esposa del presidente argentino Mauricio Macri, Juliana Awada.

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