Un neonazi confiesa el asesinato del político alemán Walter Lübcke

Atacó a su víctima por defender la acogida de refugiados

El ministro alemán del Interior, Horst Seehofer, anunció la detención del asesino de Walter Lübcke
El ministro alemán del Interior, Horst Seehofer, anunció la detención del asesino de Walter Lübcke

Berlín / corresponsal

«Nos alegramos de este éxito, pero tenemos que seguir trabajando para determinar si hubo cómplices». Con estas palabras, el ministro alemán del Interior informaba ayer a la prensa de que un neonazi de 45 años admitió haber matado al político Walter Lübcke por defender a los refugiados. «El fiscal general nos ha comunicado que el presunto asesino ha confesado», explicó Horst Seehofer, tras una sesión de la comisión de Interior del Parlamento alemán centrada en el caso.

Se trata de Stephan Ernst, muy conocido en la escena ultraderechista del estado federado de Hesse, situado en el centro del país, y en la que estuvo activo al menos hasta el 2009. En el chalé de Lübcke, donde el político cristianodemócrata murió de un tiro en la cabeza entre el 1 y el 2 de junio, la policía descubrió rastros de ADN que conducían hasta Ernst, que asegura haber actuado en solitario. No obstante, su confesión no cierra ni la investigación ni la polémica que ha generado el caso, que ha reavivado el debate sobre el auge de la violencia de extrema derecha en Alemania.

Lo que sí parece indudable es el móvil: el rechazo hacia la política oficial de acogida que defiende la canciller Angela Merkel desde que estalló la crisis migratoria en el 2015. Cerca del 40 % de los alcaldes germanos dicen recibir amenazas ultras por ese motivo, ya sea por correo o Internet, de acuerdo con un sondeo de ARD. El nombre de Lübcke figuraba en una lista de posibles objetivos del grupo terrorista neonazi Clandestinidad Nacionalsocialista. De hecho, el diputado de la CDU se vio obligado a responder a insultos durante un acto celebrado en el 2015, en el que dijo que aquellos que no compartían los valores humanitarios de Alemania estaban invitados a marcharse.

Varios medios sugerían ayer que esas declaraciones podrían haberle costado la vida a Lübcke, pues además, según Spiegel, su asesino también asistió a dicho evento. Mientras muchos ciudadanos se preguntan por qué Ernst no estaba bajo vigilancia, pese a que las autoridades eran conscientes de la peligrosidad que entrañaba, la plana política une fuerzas contra el partido ultraderechista AfD, que se coronó tercero en las elecciones generales del 2017 tras haber capitalizado el creciente rechazo hacia los refugiados.

«Quien incita al odio se hace cómplice», afirmó el presidente del Bundestag, Wolfgang Schäuble, sin citar a AfD, que tiene representación en todos los estados federados y podría batir récords en los comicios de otoño en varias regiones del este del país. Precisamente allí, la fiscalía presentó el martes una acusación de terrorismo contra ocho jóvenes miembros del grupo ultra Revolution Chemnitz, que tenían previsto cometer atentados para provocar una caída del Gobierno y un colapso del sistema.

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