La OTAN le da cinco semanas a Rusia para cesar el despliegue de misiles nucleares

La Alianza prepara una respuesta a Moscú a las puertas de una nueva guerra fría

El misil de crucero SSC-8, durante su presentación en un hangar de Moscú el pasado mes de enero
El misil de crucero SSC-8, durante su presentación en un hangar de Moscú el pasado mes de enero

bruselas / corresponsal

El acuerdo sobre misiles nucleares (INF) ratificado por Estados Unidos y la Unión Soviética en 1987, podría llegar a su fin el próximo 2 de agosto si Rusia no da marcha atrás en su programa de fabricación y despliegue de los proyectiles crucero SCC-8 (con alcance de más de 500 kilómetros).

La advertencia la lanzó ayer el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. «Todavía queda una ventana de oportunidad, pero cada vez se estrecha más», admitió el noruego después de anunciar que los aliados responderán a Moscú de forma «defensiva, medida y coordinada» si las autoridades rusas se niegan a cumplir con el acuerdo, diseñado para erradicar los misiles balísticos y de crucero capaces de alcanzar países aliados como Alemania o Francia.

Los ministros de Defensa de la OTAN se reúnen hoy en Bruselas con la misión de diseñar una estrategia que fuerce al Kremlin a pisar el freno a tiempo, evitando otra carrera armamentística. Si queda una última oportunidad de evitar ese escenario esa será el encuentro que mantendrán los aliados con las autoridades rusas la próxima semana en la capital belga.

Stoltenberg es consciente de que el mundo está a las puertas de una nueva Guerra Fría: «No hay duda de que Rusia ha violado el acuerdo, lo han constatado nuestros servicios de inteligencia. Hemos sido muy pacientes, pero creo que ha llegado el momento de decirle a los rusos que si no cumplen, el tratado dejará de funcionar», alertó. EE.UU. ya se dio de baja en febrero, a la espera de ver gestos de buena voluntad por parte de Moscú. Pero esos gestos nunca llegaron. Lejos de bajar las armas, Rusia ha aumentado sus capacidades defensivas. «Es una tendencia que observamos desde el 2014», explicó el noruego, quien asegura que la OTAN no se quedará atrás, seguirá aumentando el gasto militar y la presencia de efectivos en el flanco europeo oriental.

España, a la cola

Los esfuerzos por blindar a Europa y a sus socios atlánticos están siendo muy desiguales. Solo Estados Unidos, Grecia, Estonia, el Reino Unido, Rumanía, Polonia y Letonia superan el objetivo de gastar al menos el 2 % del PIB nacional en defensa. Según el último informe de la Alianza, potencias como Alemania (1,36 %) siguen lejos de la meta presupuestaria, para disgusto del presidente estadounidense, Donald Trump, quien amenazó a sus socios con «graves consecuencias» si no arrimaban el hombro. A pesar de las advertencias, Europa ha reducido sus esfuerzos desde el 2018. Mención especial para España, segundo país (por detrás de Luxemburgo) que menos gasta en defensa (0,92 % del PIB). «Los aliados contribuyen de diferentes formas y de acuerdo a su talla, pero todavía hay algunas brechas que hay que colmar para finales de año», admitió Stoltenberg. El enfado de Washington es mayúsculo. No solo por las exiguas aportaciones europeas, sino también por la decisión de la UE de financiar su propia política de defensa, una estructura que EE.UU. percibe fuera de su control y alternativa a la OTAN.

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