Las condiciones de los niños en la frontera provoca una crisis de Gobierno en EE.UU.

Dimite el comisionado en funciones de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, mientras la líder demócrata, Nancy Pelosi, se enfrenta a una rebelión

Activistas protestan en el Senado de EE.UU. por las condiciones de los menores en los centros de inmigrantes
Activistas protestan en el Senado de EE.UU. por las condiciones de los menores en los centros de inmigrantes

Nueva York / Colpisa

En la época de la posverdad en que la prensa es «el enemigo del pueblo» y siempre publica fake news, he aquí una rareza por parte del Gobierno de Donald Trump: «Estamos completamente de acuerdo con algunos de los reportes que han salido en la prensa sobre la situación de los menores sin acompañar que se encuentran en nuestra custodia», declaró este martes en teleconferencia un alto funcionario de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza. «No deberían estar con nosotros, no los queremos en nuestra custodia, nuestras instalaciones no se construyeron para eso».

Poco después, 250 niños que se encontraban hacinados en el centro de detención migratorio de Clint (Texas) fueron trasladados a otros albergues y campamentos provisionales de la Oficina de reasentamiento de refugiados que dependen del Ministerio de Salud y Servicios Humanos, ya que las condiciones eran «inadmisibles», dijo el mismo funcionario. Y con todo, en cuestión de horas, algunas fuentes indicaron que un centenar de niños habían sido devueltos al insalubre redil, añadiendo confusión a la repentina dimisión del comisionado en funciones de la Oficina de Aduanas y protección fronteriza, que la anunció con un mensaje críptico. «Cada hombre juzgará su éxito por su propia métrica», lapidó John Sanders.

La opinión pública le juzgaba por la situación que habían descrito los médicos y abogados que visitaron las instalaciones la semana pasada gracias a una decisión judicial. Algunos niños dijeron que no se habían dado una ducha en las tres semanas que llevaban allí. Todavía llevaban puesta la ropa con la que cruzaron la frontera. Las enfermedades y las epidemias se propagaban ayudadas por la falta de jabón y un aire acondicionado atroz que, en palabras de algunos abogados, equivale a tortura. Las luces encendidas de día y de noche para no dejarlos dormir, niñas de 8 años cuidando de bebés sin pañales, adolescentes convertidos en capataces para mantener el orden a cambio de comida. Guantánamo estaba mejor gobernado.

No hay duda de que las patrullas fronterizas no querían esa patata caliente en instalaciones donde, legalmente, los menores no deben pasar más de 72 horas. Las nuevas medidas administrativas del Gobierno de Trump, que según algunos abogados consultados complican y ralentizan a propósito el proceso a los familiares para reclamarlos, han provocado un embudo que deja a los menores atrapados indefinidamente en el purgatorio de la frontera.

Desde que médicos y abogados se saltaran las normas para describir la situación de horror a la prensa, el Gobierno dice haber dado marcha atrás en la obligación de pedir a los familiares huellas dactilares, certificados de nacimiento y hasta pruebas de ADN para entregarles la custodia. De la flexibilidad que presente la Administración con respecto a personas que, a menudo, dudan en presentarse por miedo a ser deportados ellos mismos o sufrir represalias, depende que se agilice la tramitación de tantos menores hacinados en precarias instalaciones.

Trump culpa a los demócratas de no aprobar la partida económica «de emergencia» por 4,6 millones de dólares que ha solicitado «con fines humanitarios» para ocuparse de los niños, pero los congresistas temen que la utilice para financiar las redadas masivas con las que aterroriza a los inmigrantes o incluso para financiar el muro. «No aprobaré ni un céntimo más para permitir que continúen sus tácticas manipuladoras», bramó Alexandria Ocasio-Cortes, la legisladora más joven y más popular del Congreso gracias a su tirón en las redes sociales. Allí la organización Indivisible ha empezado una campaña con la etiqueta #NotOneDollar para la máquina de deportaciones de Trump.

La portavoz del Congreso Nancy Pelosi intenta convencer a los miembros de su partido de que tienen «una sagrada responsabilidad moral» de proteger a las familias más vulnerables, tras negociar con Trump el viernes una tregua a las redadas. Entre las medidas de control que se debaten destacan prohibir a la Oficina de Refugiados que comparta la información de quienes reclaman a los niños, permitir a los congresistas visitar las instalaciones de acogida sin previo aviso y obligar a reportar la muerte de un menor en 24 horas. Trump las considera inaceptables y amenaza con vetar esa ley si se aprueba por considerar que las cortapisas le impedirían al gobierno hacer su trabajo. «Otra vez ha hecho lo mismo», bufó la congresista demócrata Pramila Jayapal. «Crea la crisis y luego nos culpa a nosotros».

La muerte de la pequeña Valeria se convierte en un símbolo del drama migratorio

Carlos Pérez Cruz
Un padre y su hija de menos de dos años perdieron la vida al intentar cruzar el río Bravo cerca de la ciudad mexicana de Matamoros
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Los niños hacinados en centros de detención en  la frontera conmociona Estados Unidos

Europa tiene el Mediterráneo y Estados Unidos el río Bravo. Europa recibió la bofetada de la foto del niño sirio Aylan Kurdi ahogado en una playa; Estados Unidos, la del cadáver de Valeria, de un año y once meses, abrazada a su padre. Ni los Gobiernos europeos reaccionaron de forma compasiva ni la Administración Trump es precisamente un dechado de empatía. A las duras políticas de Washington se le ha sumado en estas últimas semanas las complicidad mexicana, con el despliegue de tropas tanto en el sur como en el norte de México. El Gobierno de López Obrador busca aplacar la furia arancelaria de Trump y reducir de manera drástica la llegada de emigrantes.

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