Trump busca la victoria en el 2020 para legitimar la del 2016

Sin aportar nuevas ideas, se erige en el salvador del país frente a unos demócratas «antiamericanos»


Washington / E. La Voz

Cuando Donald Trump pidió el martes a sus seguidores en Orlando que eligieran si mantener o renovar el lema de campaña, el presidente estaba dando las claves de su programa para buscar la reelección en el 2020: más de lo mismo. Trump les dio a elegir entre mantener el Make America Great Again (hacer de nuevo grande a EE.UU.) o dar el paso hacia su evolución lógica y cambiarlo por Keep America Great (mantener a América grande). El público fue inducido a apoyar el segundo.

Una reelección es la aprobación de unas políticas, pero la campaña es el terreno de las propuestas y las promesas. De las primeras, Trump apenas esbozó ninguna idea nueva y se limitó a su habitual retahíla de acciones de Gobierno (más destructivas que constructivas: legado de Obama, tratados internacionales...). De las segundas, la mayor fue: «Nunca os decepcionaré», si excluimos que con él se encontrará hasta la cura contra el cáncer. Y si le piden la Luna, él les ofrece Marte.

En lo que es realmente estelar Trump es en el manejo del espectáculo, en convertir un mitin político en un show de entretenimiento fundamentado en una indisimulada exhibición del ego y en el ataque furibundo al Partido Demócrata y a la prensa. Su nivel de agresividad se traslada a la masa, capaz de corear que la «CNN apesta» o de solicitar espontáneamente que «encierren» en la cárcel a Hillary Clinton.

Táctica de campaña

Estamos en el 2019, pero si se le da la vuelta al nueve, volvemos al 2016. Ahí vive Trump, capaz de citar al menos diez veces a Hillary Clinton. El presidente ignoró de forma llamativa a la legión de candidatos demócratas y apenas citó de pasada a Joe Biden y Bernie Sanders. Obsesionado con la «caza de brujas», Trump parece más preocupado por legitimar su victoria en el 2016 que por renovar en el 2020. La sospecha de un Rusiagate puso en duda los fundamentos éticos y legales de su elección y el presidente es una furia cuando se refiere a la investigación de Robert Mueller. Eso sí, acude a sus conclusiones para celebrar una «completa y total exculpación» que el fiscal especial nunca le dio.

Consciente de que las elecciones del 2020 serán un plebiscito sobre su presidencia, Trump desvía el foco hacia los demócratas, a quienes define como llenos de «odio, prejuicios y rabia», un partido que se ha «radicalizado» hasta el punto de que lo califica de «antiamericano». Trump se erige así como un muro, el líder de un «movimiento patriótico» que protege Estados Unidos frente al «asalto» de un partido que «quiere destruir» el país. El apocalipsis y su redentor.

Largo camino

La semana que viene serán los demócratas quienes viajen a Florida para celebrar en Miami los primeros debates previos a las primarias del año que viene. El mitin de Orlando fue tan solo el truco del mago Trump para volver a llamar la atención, porque desde el 2017 tiene tramitados los documentos para presentarse a la reelección. Espectáculo en uno de los estados tradicionalmente bisagra que su Administración lleva meses intentando ganarse con gestos hacia su importante comunidad de cubanos y venezolanos. De momento las encuestas, que carga el diablo, se le han complicado frente a Joe Biden en algunos estados clave. Pero mientras el presidente va solo por la autopista, a Biden le vienen las curvas de un largo proceso para vencer a una veintena de aspirantes demócratas.

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