¿Qué se juega la Unión Europea en estas elecciones?

Ultraderechistas y europeístas libran este domingo en las urnas una batalla a vida o muerte por la UE

Una joven deposita su voto para las elecciones al Parlamento Europeo en un colegio electoral de Praga (República Checa)
Una joven deposita su voto para las elecciones al Parlamento Europeo en un colegio electoral de Praga (República Checa)

BRUSELAS / cORRESPONSAL

El ruido, las soflamas incendiarias y el miedo se han colado en los televisores, las redes sociales y los buzones de los europeos en las últimas semanas. El mensaje de la ultraderecha siempre es el mismo: la culpa de vuestra insatisfacción la tiene la Unión Europea. Quienes defienden el legado de la UE han tratado de contrarrestar la ofensiva de los eurófobos evocando los tiempos de paz que ha traído a Europa un proyecto político, hoy cuestionado y vilipendiado.

«Europa significa prosperidad», recordó estos días uno de los eurodiputados gallegos que aspiran a entrar en la Eurocámara. Esta autocomplacencia, extendida en las altas esferas comunitarias, ha impedido dar respuesta durante los últimos cinco años a las fuentes de insatisfacción ciudadana: la desigualdad, la precariedad laboral y la falta de perspectivas de futuro entre los más jóvenes. De ese descontento se han alimentado los movimientos autoritarios que, tras décadas de letargo, han despertado. Hoy podrían asestar un zarpazo brutal en las urnas si, como indican los sondeos, se hacen con hasta un tercio de la Eurocámara. ¿Qué está en juego? 

Democracia

El pulso de los ultras. «El invierno se acerca. En Europa, los derechos fundamentales son cuestionados, discutidos, criticados y a veces, incluso ampliamente ignorados», advertía esta semana el magistrado francés para el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, André Potocki. La ultraderecha progresa en la UE abanderada por la racista Liga Norte italiana y la ultranacionalista Reagrupación Nacional francesa. Ambas aspiran a vencer hoy en las urnas y conformar una familia política lo suficientemente numerosa como para sabotear y bloquear el funcionamiento de la Eurocámara. Las cuentas todavía no les salen. Partidos como el AfD alemán, el Vlaams Belang belga, el PVV holandés, el Partido Popular danés, el FPÖ austríaco o los extremistas finlandeses se han sumado a la alianza, pero está en el aire la participación del Partido del Brexit, el Fidesz húngaro (hoy en el PPE) o Vox. Las tensiones también afloran por el flanco de los «reformistas» europeos del ECR, donde conviven los ultraconservadores del PiS, responsables de la deriva antidemocrática de Polonia, y los separatistas flamencos de la N-VA, quienes precipitaron la caída del Gobierno belga, hoy en funciones. El denominador común de todos ellos es su deseo de desestabilizar, recuperar competencias y reducir la UE a una reliquia. La irrupción masiva de ultras será una buena noticia para el Kremlin. Los lazos entre la financiación rusa y formaciones como el FPÖ pone en evidencia el interés de Moscú por infiltrarse y subvertir el orden democrático en la UE. 

Refundación

Aprender del «brexit». De los resultados de hoy dependerá el rumbo que vaya a tomar la UE en los próximos cinco años. Las fuerzas tradicionales (conservadores, socialdemócratas y liberales) han hablado a menudo de la necesidad de «refundar» la UE, de hacer examen de conciencia, reconocer el déficit democrático que hay en las instituciones y recuperar algunos valores que se han ido marchitando al calor de las crisis, tanto la económica como la migratoria. El brexit es la gran prueba de fuego. Las cancillerías europeas aparcaron sus intereses nacionales para responder con una sola voz a Londres. Pero, ¿hasta cuándo? El divorcio no se ha consumado y el Reino Unido sigue a bordo. Tendrá representación en la Eurocámara. Un caballo de Troya en Bruselas. Si finalmente se marchan, los Veintisiete tendrán que enmendar las futuras contribuciones al presupuesto comunitario y revisar los mecanismos de toma de decisiones (unanimidad o mayorías) para evitar el freno a la integración que imponen una minoría de países en ámbitos como la reforma del asilo, la fiscalidad o la culminación de la unión bancaria. Otra tarea pendiente: reconciliar las maltrechas relaciones entre el norte y el sur. 

Desigualdad

Una fiscalidad justa. Tasa a los gigantes digitales, un tipo mínimo para el impuesto de sociedades o un seguro de desempleo europeo. Son algunas de las recetas que se han impulsado en Bruselas, algunas con más fuerza que otras, para poder subsanar la gran enfermedad que asola a la UE: la desigualdad. Ninguna de ellas ha salido adelante a pesar de los síntomas de hartazgo ciudadano. La hoja de ruta de las fuerzas políticas europeístas pasa por atajar la deslocalización industrial, fomentar la economía digital y acabar también la competencia desleal entre países miembro. Algunos, como Luxemburgo o Irlanda, se resisten. 

Los retos que tiene por delante la futura Eurocámara 

Son 751 los escaños que están en lidia. La fragmentación política en el Parlamento Europeo obligará a los partidos tradicionales a tejer alianzas para sacar adelante algunas reformas vitales para la supervivencia de la Unión Europea. Estos son los principales retos a los que tendrá que enfrentarse la institución. 

Cargos

Equilibrio de poder. La primera prueba tras los comicios será la designación de los altos cargos de las instituciones con sede en Bruselas. Un ejercicio complejo porque la Eurocámara exige que el próximo presidente de la Comisión Europea sea el candidato del partido vencedor en las elecciones. Los líderes europeos no quieren automatismos. Necesitan margen de maniobra para mercadear entre ellos y buscar equilibrios por sexo, nacionalidades y colores políticos. 

Presupuesto

Nuevas prioridades. Una de las batallas más intensas que están por venir es la de las negociaciones presupuestarias. Los Gobiernos del norte de Europa quieren adelgazar la hucha y hacer un trasvase de fondos de partidas como la Política Agrícola Comunitaria (PAC) y Cohesión hacia seguridad, defensa, innovación, lucha contra el cambio climático y empleo juvenil. La Eurocámara ha dejado claro en los últimos compases de esta legislatura que no acepta pasar la tijera, pero con la nueva configuración del hemiciclo es posible que se formen mayorías favorables a minar sus cuentas. 

Economía

Crisis y guerras comerciales. Los países comunitarios envejecen y la falta de relevo generacional se ha convertido en un quebradero de cabeza para algunos Gobiernos como el español. La Eurocámara ha puesto la crisis demográfica en la parte alta de sus prioridades, a diferencia de la Comisión o el Consejo, a los que tendrá que convencer para que tengan en cuenta este factor en el reparto de fondos. La baja natalidad, la transformación digital de la economía -en plena transición-, la volatilidad en los mercados y la inconclusa unión bancaria son otros riesgos que se ciernen sobre la economía de la UE y sobre lo que tendrá que legislar a Eurocámara. Su labor para supervisar la letra pequeña de los acuerdos comerciales será vital para evitar recrudecer la guerra arancelaria desatada por los Estados Unidos y para garantizar igualdad de condiciones entre ciudadanos, pequeñas empresas y multinacionales.

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