Intrigas y romances inesperados en la carrera por liderar la Unión Europea

Socialdemócratas y liberales fraguan una alianza para arrebatar el cetro al candidato popular

Margrethe Vesteger, de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa; el alemán Manfred Weber, del Partido Popular Europeo, y el holandes Frans Timmermans, del Partido de los Socialistas Europeos
Margrethe Vesteger, de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa; el alemán Manfred Weber, del Partido Popular Europeo, y el holandes Frans Timmermans, del Partido de los Socialistas Europeos

bruselas / corresponsal

Los tiempos de la gran coalición en Bruselas, del incómodo y estable matrimonio entre conservadores y socialdemócratas, se extinguen. Con el aliento de los ultranacionalistas y impregnando Europa, las viejas fórmulas de gobierno en la UE se van marchitando. Podrían quedar para la historia después de las elecciones del próximo 26 de mayo. A una semana de acudir a las urnas, el voto sigue dividido, el hemiciclo se balcaniza y las cuentas no cuadran. Los sondeos apuntan a que no habrá ninguna familia política con más de un cuarto de los apoyos, así que los candidatos se han lanzado a la conquista de nuevos aliados tras unos comicios que se han convertido en un plebiscito sobre el futuro de la UE. ¿Quién debería capitanear el barco? ¿Hacia dónde? ¿Queda alguien ahí fuera para resistir los embistes de la extrema derecha? 

¿Quienes son los principales candidatos?

La familia conservadora (EPP) presenta un candidato, Manfred Weber, sin experiencia ejecutiva. Un completo desconocido fuera de la burbuja comunitaria y de las filas populares alemanas. Fue propuesto a dedo por la canciller alemana, Angela Merkel, quizá con el convencimiento de que su bajo perfil le permitiría mercadear después de las elecciones para obtener otros puestos suculentos, como la presidencia del Banco Central Europeo (BCE). No gusta. Ni a liberales ni a socialdemócratas. Ni al este, ni al sur de la UE, donde sus recetas económicas ultraortodoxas y sus llamadas a la «responsabilidad» no son bien recibidas, después de años de abandono. «Ha atacado con dureza a los gobiernos español y portugués por sus programas, los cuales no se han inspirado por la austeridad que él propugna», le reprochó su rival socialdemócrata, Frans Timmermans, en el último debate entre candidatos. El holandés invocó los «éxitos reseñables» de los Ejecutivos ibéricos, bastiones progresistas en Europa.

El candidato de los socialistas europeos tiene una hoja de servicios más atractiva. Fue ministro de Finanzas en Holanda, ocupa actualmente la vicepresidencia de la Comisión Europea y habla seis idiomas. Ha tenido que lidiar desde los cuarteles de Bruselas con espinosas crisis como la deriva antidemocrática en Polonia y Hungría, donde gobierna el popular Viktor Orban, bestia negra de la Comisión y l´enfant terrible del PPE, que se resiste a expulsarlo de la familia por miedo a que el partido se desgarre y el líder magiar se desboque. Timmermans ha cargado en muchas ocasiones contra estas «amistades peligrosas» y contra la falta de escrúpulos de algunos gobiernos conservadores, como el austriaco, a la hora de gobernar con los ultras. El holandés tiene claro que el «renacimiento» de la UE no vendrá de la mano del PPE: «Es la diferencia entre nosotros. Yo excluyo categóricamente trabajar con la extrema derecha», deslizó en uno de los debates. El cierre de puertas deja pocas opciones para poder formar una mayoría alternativa en la Eurocámara. No alcanzaría ni consagrando el inesperado romance con la familia de la candidata liberal, Margrethe Vestager. Timmermans cree que es posible extender en Europa una alianza «desde Macron a Tsipras» para frenar el apetito desintegrador de la alianza ultranacionalista que está urdiendo el líder de la Liga Norte italiana, Matteo Salvini. A pesar de su ruidosa incursión en el Parlamento Europeo, el frente eurófobo también atraviesa enormes problemas para mantenerse unido por los intereses dispares de sus formaciones.  

¿Puede funcionar a largo plazo un pacto socioliberal?

Necesitarán el apoyo de la izquierda radical y Verdes para poder sacar adelante sus propuestas, en las que no siempre coinciden, como en el establecimiento de un salario mínimo. 

¿Tiene opciones Manfred Weber?

El alemán tendrá que ser muy hábil si quiere conservar el cetro de la Comisión después de las elecciones. A la debilidad de su partido, arrinconado y en plena crisis existencial, se suma al hambre de los líderes europeos por tomar las riendas del proceso de designación de altos cargos, un mercadeo en el que el equilibrio geográfico y de género pesará más que las promesas hechas en campaña.

Los candidatos meten en campaña la justicia fiscal, el clima y la precaridad laboral

Hay un principio político que todo buen candidato conoce y es el de evitar que los rivales marquen la agenda. Exactamente lo que consiguieron los partidos ultras en estos últimos años cuando abrazaron la crisis migratoria como respuesta onmipotente para todos los problemas. Casi nadie rebatió sus argumentos. Es más, algunos los abrazaron en vista de su rédito electoral. Un error que consiguió poner la política de puertas cerradas en la UE en lo alto de la lista de prioridades a pesar de que, como apuntan expertos y sondeos, las preocupaciones de los europeos son otras: El futuro de la economía, el desempleo juvenil, el clima y la justicia fiscal.

Aunque tímidamente, los candidatos intentaron en este último tirón de campaña abordar algunos de los problemas estructurales que arrastra la UE. El primero en intentarlo fue el aspirante del grupo de la Izquierda Unitaria Europea (GUE), Nico Cué. Nació en Asturias, en el seno de una familia minera que tuvo que emigrar a Bélgica. «Fuimos acogidos por personas muy solidarias (…) Desgraciadamente la Europa del fraude fiscal y de los rescates a los bancos no lo es», lamentó el pasado miércoles, cuando echó mano de su larga carrera de sindicalista para exigir a sus rivales una apuesta firma por las industrias nacionales del acero frente a la deslocalización que ha traído la liberalización comercial. Cuando Cué apuntó esas líneas, Timmermans y la candidata liberal, Margrethe Vestager, se sumaron al exigir un impuesto de sociedades mínimo en la UE para forzar a las multinacionales a tributar de forma justa. También la lucha contra el cambio climático está teniendo gran protagonismo.

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