caracas / corresponsal

El régimen de Nicolás Maduro, a través de su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, ha agradecido la mediación de Noruega en el «diálogo» con la oposición: es el tercer intento en seis años, en los que la situación de Venezuela se ha deteriorado hasta la hiperinflación, la crisis de todos los poderes públicos y la huida de una décima parte de su población.

Ninguno de los procesos de negociación ha logrado su cometido de acercar a las partes en pugna, y todos han provocado, además de una mayor crisis, fracturas en una oposición en permanente estado de sospecha entre sus elementos más moderados y los más radicales.

Por eso, mientras el régimen vuelve a hacer alarde de sus esfuerzos por «la defensa de la paz y el respeto de los venezolanos», como dijo Rodríguez, la oposición, mucho más cautelosa, subraya que en Noruega no ha habido encuentros directos entre las partes, sino la búsqueda de puntos de coincidencia a instancias del Grupo Internacional de Contacto, según dijo a su regreso de Oslo Stalin González, segundo vicepresidente del Parlamento y uno de los negociadores.

El Grupo de Contacto, promovido por Uruguay, México y la UE, ha tenido reuniones con el Grupo de Lima, que tiene una posición mucho más firme contra Maduro.

El presidente encargado, Juan Guaidó, señaló que el encuentro de Oslo es uno más de los mecanismos que promueve la oposición en su intento de desplazar a Maduro del poder, pero «aquí nadie se chupa el dedo», advirtió. Justamente, la posibilidad de que la oposición haya vuelto a «caer por inocente» en un diálogo es la principal crítica que a Guaidó desde la oposición más radical, que aglutina María Corina Machado.

Para la política, lo único que puede discutirse en una negociación «es cuándo salen Maduro y las mafias del poder». «La Asamblea Nacional tiene que pasar a la ofensiva mientras nuestros aliados internacionales construyen una amenaza real e inminente para el régimen», agregó Machado.

Críticas desde EE.UU.

Marco Rubio, una de las voces más radicales contra Maduro en EE.UU., mostró también su alarma por las negociaciones en Oslo, aunque, según Stalin González, el Gobierno de Donald Trump las conocía. El vicepresidente de la Asamblea señaló que la ruta fijada en enero, cuyo primer punto es la salida de Maduro del poder, es un objetivo en cualquier negociación.

Pero el simple hecho de que el régimen venezolano hable de «diálogo» crispa una política marcada por las redes sociales y en la que prima la desconfianza, tanto a lo interno del chavismo como de la oposición.

De hecho, Julio Borges, de Primero Justicia, y embajador de Guaidó ante el Grupo de Lima, aseguró que su partido no ha tenido que ver con las negociaciones. Borges está en el exilio desde el 2017, cuando, en la última negociación con Maduro en la República Dominicana, se negó a firmar un documento que avalaba la convocatoria electoral del 2018, que terminó no reconociendo la comunidad internacional y que derivó en la actual crisis.

«Si no lo firmas, vas preso», le dijo en el 2017 Jorge Rodríguez, ministro de Comunicación y que también estuvo en Oslo esta semana, según Borges, quien desde entonces vive en Bogotá.

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La negociación eleva la crispación en Venezuela tras 6 años de diálogo fallido