Trump cumple su amenaza y recrudece la guerra comercial con Pekín

Las conversaciones quedan en punto muerto y EE.UU. sube al 25 % los aranceles a importaciones chinas

Pese a la decisión de Trump, el secretario del Tesoro de EE.UU., Steven Mnuchin, prosiguió las negociaciones con la delegación china
Pese a la decisión de Trump, el secretario del Tesoro de EE.UU., Steven Mnuchin, prosiguió las negociaciones con la delegación china

Washington / E. La Voz

Pasado un minuto de la medianoche del jueves en Washington, la amenaza de Donald Trump se hizo realidad. Productos por valor de 200.000 millones de dólares importados a Estados Unidos desde China pasaron desde ese momento a estar sujetos a un arancel del 25 %, un incremento del 15 % respecto a las tarifas vigentes hasta entonces. Todo ello mientras la capital estadounidense acogía una nueva ronda de las conversaciones entre chinos y estadounidenses con el objetivo de alcanzar un acuerdo que, por el momento, no llega. Según el responsable del Tesoro, Steven Mnuchin, la reunión del viernes fue «constructiva», pero no añadió más detalles.

Poco a poco se va acercando el escenario contra el que advertía recientemente el FMI: un recrudecimiento de la guerra comercial entre ambos países que ponga en peligro la ya de por sí frágil estabilidad económica mundial. En términos prácticos, para el ciudadano estadounidense significará un encarecimiento de bienes importados de China tan dispares como el papel higiénico, las alarmas contra incendios, jabón, ordenadores portátiles, teléfonos móviles, pescado, setas, productos químicos, etcétera. Bienes de consumo valorados en 40.000 millones de dólares subirán de precio. La medida afecta a los productos que hayan salido de China a partir del momento de entrada en vigor de las nuevas tarifas, no a aquellos que ya se encontraran de camino, por lo que el encarecimiento podría tardar semanas en ser efectivo y dar margen a una salida negociada. Diversos expertos advierten del riesgo de ralentización de la economía. 

Giro propagandístico

Aprovechando un viernes con la agenda casi vacía, Trump se dedicó a tuitear de forma compulsiva sobre la negociación. Cumplidos diez meses desde que diera inicio a su guerra arancelaria, la Casa Blanca sigue intentando reducir la balanza comercial con el país asiático, con quien el año pasado alcanzó un déficit superior a los 400.000 millones de dólares. En un muy trumpiano giro narrativo y propagandístico, el presidente aseguró que, con los ingresos extra de la recaudación en aduanas, «compraremos productos de agricultura de nuestros maravillosos granjeros» para enviar «a países pobres y hambrientos en forma de ayuda humanitaria». La agricultura es uno de los sectores más afectados por los aranceles que China impuso en represalia. Además, el presidente, en su afán proteccionista, aconsejó a las empresas que producen en el extranjero que fabriquen sus productos en EE.UU. para no verse afectadas.

En el mismo continente, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, solicitó el jueves a Trump que retire los aranceles a la importación de acero y aluminio canadiense. De lo contrario, el Parlamento de Ottawa amenaza con no ratificar el nuevo tratado económico entre Canadá, Estados Unidos y México promovido por Trump, pendiente igualmente de aprobación por el Capitolio.

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