Censura, privatizaciones y amputación de penes

Bolsonaro trata de desviar la atención de la reforma de las pensiones con llamativos titulares


brasilia / e. la voz

Las encuestas sobre los algo más de 100 días de Gobierno apuntan a un profundo desgaste en la figura del presidente brasileño, Jair Bolsonaro. Dependiendo del estudio, la tasa de desencanto entre los que ven mal o muy mal su arranque de legislatura puede llegar al 37 %. Quizás por ello, el ultraconservador se ha lanzado a un frenesí de declaraciones y, sobre todo, tuits, a cada cual más llamativo, destinados a reforzar la base más radical y conservadora de su electorado. Todo mientras prosiguen en el Parlamento las negociaciones para reformar las pensiones, cada vez con más secretismo y lejos de los focos.

Solo así se entiende la censura de un anuncio televisivo del Banco do Brasil (BB), en el que se animaba a gente joven a abrir una cuenta en la institución pública. A Bolsonaro no le gustó que la gran mayoría de esos jóvenes de estética urbana y moderna fueran negros, algunos en parejas del mismo sexo. Así que decidió llamar al presidente del banco, Rubem Novaes, para tomar medidas: se retiró el anuncio y se despidió al jefe de márketing que lo ideó. Novaes, uno de los primeros nombramientos de Bolsonaro, y que ascendió a asesor especial al hijo del vicepresidente, el general Hamilton Mourão, pareció más preocupado por la ira del presidente contra lo que ve como propaganda marxista de la diversidad racial y de género que por la fuga de jóvenes a la banca por Internet.

Menos dinero para cultura

Bolsonaro tiene muy claro el papel de los bancos públicos, y tanto el BB como la Caixa Federal han cortado drásticamente sus presupuestos como dos de los principales patrocinadores culturales. Irónicamente, estas políticas se perfilaron en las reuniones del Gobierno de transición, celebradas en las espectaculares instalaciones del Centro Cultural do Banco do Brasil en la capital.

En medio de este acto considerado por organizaciones pro derechos humanos como censura y un ataque contra la realidad demográfica y social del país, Bolsonaro anunció el inicio de las negociaciones para privatizar Correos, otro de los, según él, nudos gordianos de la corrupción de la izquierda. Quizá por esperada, la medida pasa de puntillas ante su sorprendente preocupación por la amputación de mil penes al año por falta de higiene entre la población más humilde, unos datos incontrastables con las autoridades sanitarias.

De mayor calado fue la primera medida sugerida por el nuevo ministro de Educación. El economista Abraham Weintraub asumió la cartera tras el fiasco del colombiano Ricardo Vélez y su primera propuesta fue recortar recursos públicos para las facultades de Filosofía y Sociología. Bolsonaro dio el visto bueno porque quiere centrar sus esfuerzos en «carreras que den un retorno inmediato», como veterinaria, medicina e ingeniería.

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