Lula aspira a prisión domiciliaria al reducirse una de sus condenas

Logra una pírrica victoria en los juzgados tras años de reveses

Una seguidora de Lula, ante el tribunal de Brasilia
Una seguidora de Lula, ante el tribunal de Brasilia

brasilia / e. la voz

Hace más de un año que el expresidente de Brasil Luís Inácio Lula da Silva vive en un despacho de 15 metros cuadrados en la sede de la Policía Federal en Curitiba. No es siquiera una cárcel donde el gran líder de la izquierda brasileña empezó a cumplir una pena de 12 años y un mes por corrupción pasiva y lavado de dinero al recibir, según los jueces, un apartamento en la costa del estado de São Paulo como pago de empresarios. Esa pena se ha visto reducida ahora por una decisión unánime del Supremo Tribunal de Justicia (STJ), una pírrica victoria para Lula, que se dice víctima de una persecución política y judicial y siempre ha defendido su inocencia.

La sala rebajó la pena a 8 años y 10 meses, y abre la puerta a un arresto domiciliario en septiembre, previo pago de unos 850.000 euros de fianza. Cree el STJ que las penas fijadas -primero por el ahora ministro de Justicia, Sérgio Moro, y después por el Tribunal de Porto Alegre- fueron excesivas, pero no entró a valorar los delitos imputados. «Por primera vez se reconoce que las penas fueron abusivas. Pero seguiremos recurriendo según lo previsto en la ley porque el único resultado compatible con este proceso es la absolución», dijo el abogado de Lula, Cristiano Zanin.

Difícil situación personal

El paso de Lula por prisión no está siendo fácil. A sus 73 años y tras superar un agresivo cáncer de laringe, el expresidente se ve confinado en un espacio muy reducido. Además, sufrió embates personales: perdió a un hermano y a un nieto, víctima de una meningitis. En la prensa han aparecido noticias sobre su delicada situación financiera (aunque sus detractores dicen que mantiene cuentas en el extranjero) para pagar su defensa, y el instituto que lleva su nombre ha tenido que vender objetos de su colección. Los parientes directos dicen que no encuentran trabajo por el estigma familiar, alimentado por bulos como que el hijo del expresidente se lucró de todo tipo de empresas.

La prisión domiciliaria de Lula aliviaría alguna de estas situaciones. Pero el exlíder sindical, acusado en otros siete procesos, puede ser condenado en segunda instancia por otro delito similar, una casa esta vez en el interior de São Paulo fruto supuestamente también de sobornos. Los periódicos informan estos días de que el dueño de ese terreno ha pedido autorización para venderlo.

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