Político camaleónico que marcó tres décadas de la política


Alan García, maestro de la oratoria y la persuasión, levantaba su mano izquierda en los discursos mientras comenzaba a entonar sus, para muchos, hipnotizadoras palabras. Es seguramente su gesto más recordado. Esa soltura le convirtió, en 1985, en el presidente más joven de América Latina.

 El precoz político había nacido 36 años antes en el seno una familia limeña de clase media, muy vinculada al izquierdista Partido Aprista Peruano. Se convirtió muy pronto en discípulo predilectos y sucesor de su fundador, Víctor Raúl Haya de la Torre,.

García llegó a la presidencia con un profundo discurso antiimperialista y en pos del proteccionismo económico y la restricción del pago de la deuda externa. Solo dos años después de su idilio con los ciudadanos comenzaron los problemas. La economía cayó en picado. El país llegó a contabilizar una inflación superior al 7000 % en 1990. El desplome financiero, unido a los problemas para enfrentar a la violenta organización marxista Sendero Luminoso y a escándalos como la masacre de 300 presos amotinados en 1986, acabaron con su mandato y con la entronización de Alberto Fujimori, que recrudeció las acusaciones de corrupción en su contra, provocando su exilio a Colombia en 1992.

Regresó al país con la caída del autócrata, en el 2000. Perdió las elecciones contra Alejandro Toledo, pero ganó las del 2006 a Ollanta Humala, en aquel entonces apoyado por Hugo Chávez.

El segundo mandato fue camaleónico. García se alejó de sus postulados izquierdistas, abrazando la economía de libre mercado, y logrando buenos resultados económicos.

A lo largo de su trayectoria política, García ha enfrentado numerosas acusaciones de corrupción. Hasta ahora, era conocido por haber salido airoso de todas ellas.

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