Alan García se suicida cuando iba a ser detenido por el caso Odebrecht

Los últimos cuatro presidentes de Perú son investigados por recibir sobornos

Alan García, durante su victoria en las elecciones del 2006 que lo llevó de nuevo a la presidencia
Alan García, durante su victoria en las elecciones del 2006 que lo llevó de nuevo a la presidencia

Río de Janeiro / E. La Voz

Lima, barrio de Miraflores, seis de la mañana. Policías del equipo de Investigación de Delitos de Alta Complejidad llaman a una de las casas de la exclusiva zona. Es la residencia de Alan García, presidente de Perú en los períodos 1985-1990 y 2006-2011. Los agentes, acompañados de un fiscal (ya saltó la polémica sobre si se identificó correctamente) le muestran una orden de detención preliminar por su supuesta implicación en el caso Odebrecht. García pide unos minutos a solas para hablar con su abogado. Entra en su despacho, y se pega un tiro en la cabeza. A las 6.45 ingresó en un hospital cercano, cubierto por una sábana. Los médicos intentaron salvarle la vida en vano. El expresidente murió pasadas las diez de la mañana de ayer, tras haber sufrido tres paros cardíacos.

«Como en ningún documento se me menciona, y ningún indicio ni evidencia me alcanza, solo les queda la especulación o inventar intermediarios. Jamás me vendí, y está probado», había alegado García en Twitter el día anterior a su suicidio. Era investigado por presuntos sobornos de la gigante brasileña de la construcción, Odebrecht, en la licitación y creación de la línea 1 del metro de Lima, además de por supuestas aportaciones irregulares a su campaña electoral. Las acusaciones recaían también sobre algunos de los más estrechos colaboradores de su segundo Gobierno.

Este fin de semana, el equipo de investigación IDL Reporteros reveló que el exsecretario de la presidencia, Luis Nava, habría cobrado cuatro millones de dólares de Odebrecht, una empresa procesada en la mayoría de los países de Latinoamérica por haber pagado sobornos millonarios a políticos y altos funcionarios a cambio de la concesión de importantes proyectos de obra pública.

La corrupción de la política en torno a la compañía brasileña ha azotado especialmente a Perú. Los últimos cuatro presidentes del país sudamericano están siendo investigados por haber recibido sobornos.

Alejandro Toledo (2001-2006) se encuentra prófugo de la Justicia en EE.UU. Los magistrados peruanos han pedido su extradición, hasta ahora sin éxito. Es acusado de haber aceptado 20 millones en sobornos. Ollanta Humala (2011-2016) ya ha pasado por prisión preventiva por su supuesta vinculación con el caso.

Su sucesor, Pedro Pablo Kuczyinski, dimitió en el 2018, tras ser acusado de haber supuestamente aceptado sobornos cuando era ministro de Toledo. Fue detenido la pasada semana y desde el domingo está ingresado en una clínica, bajo cuidados intensivos, debido a un problema de corazón.

Las acusaciones de corrupción no pesan solo contra los expresidentes. La líder de la oposición, Keiko Fujimori, también es acusada de aceptar dinero de Odebrecht para su campaña electoral y ha pasado por prisión. Su padre, el autócrata que gobernó Perú entre 1990 y 2000, volvió a prisión el año pasado, tras un breve indulto, para cumplir condena por crímenes de lesa humanidad.  Todos los presidentes peruanos elegidos en las urnas desde 1985, por ende, han tenido graves problemas con la Justicia.

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