El eje francoalemán exige a China que abra las puertas a las empresas de la UE

Bruselas trata de mantener a raya el hambre voraz de Xi Jinping, obsesionado con el control de las infraestructuras estratégicas

El presidente chino ofrece la mano al presidente de la Comisión Europea en presencia del presidente francés y la canciller alemana
El presidente chino ofrece la mano al presidente de la Comisión Europea en presencia del presidente francés y la canciller alemana

Bruselas / corresponsal

China es ese socio con el que te tienes que entender, pero del que no te fías. Así es como se ve en Bruselas al gigante asiático. La cortesía fingida de su mandatario, Xi Jinping, inquieta mucho más a algunas capitales europeas que el brutalismo verbal del presidente Donald Trump. Porque con calma y sigilo, Pekín está convirtiendo en realidad las peores pesadillas de la UE. Sus autoridades han dado rienda suelta a su hambre voraz en torno a las infraestructuras estratégicas europeas, como las redes de comunicación. Y aspiran a algo más, a golpear en el talón de Aquiles de la UE: su unidad. Xi Jinping ha aprovechado la debilidad y las fracturas internas entre el norte y el sur, el este y el oeste europeos para engatusar a algunos gobiernos e involucrarlos en su faraónico proyecto para desplegar una nueva Ruta de la Seda que conecte a China con el resto de Asia, África y Europa. Italia ya se ha sumado, para disgusto del eje francoalemán, que no sabe cómo parar los pies a Pekín mientras llama al cierre de filas.

El presidente francés, Emmanuel Macron, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, prepararon ayer el escenario perfecto en París para recibir a Xi. «Ninguno de nosotros es ingenuo, pero respetamos a China y esperamos que respete la unidad de la UE y de sus valores», advirtió el líder galo. Hubo espacio para la buena voluntad en materia de cambio climático y defensa del multilateralismo, pero algunos diplomáticos de la UE confiesan que los chinos no tienen intención ni de reformar la OMC en los términos que proponen los europeos ni en colaborar con la reducción de emisiones contaminantes.

Barreras a Europa

La manzana de la discordia sigue siendo el desigual trato bilateral. Mientras las empresas chinas acceden a contratos públicos en la UE sin apenas restricciones a la inversión, las europeas siempre se encuentran con barreras infranqueables. «Quiero una reciprocidad más articulada que la actual», exigió Juncker, a lo que el mandatario chino respondió con una señal afirmativa y la firma de un acuerdo para adquirir 300 aviones Airbus valorados en 28.000 millones de euros. Un aperitivo de los acuerdos sobre inversiones que se podrían ultimar en la cumbre chino-europea el 9 de abril en Bruselas.

Nadie pasa por alto el riesgo que se cierne sobre la seguridad de la UE si China se hace con el control de las redes de comunicación. Washington pidió boicotear la participación de Huawei en el despliegue de la futura red de 5G en Europa. La compañía está acusada de espiar para los servicios secretos de Pekín. La CE presentó ayer un paquete de medidas de ciberseguridad, pero no quiso traspasar esa línea roja.

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