La UE da al Reino Unido hasta el 12 de abril para que aclare el futuro del «brexit»

Los Veintisiete darán por hecha la salida si, llegada esa fecha, no hay acuerdo ni voluntad de concurrir a las europeas

Juncker saluda a Theresa May a su llegada al primer día del Consejo Europeo en Bruselas
Juncker saluda a Theresa May a su llegada al primer día del Consejo Europeo en Bruselas

Bruselas / Corresponsal

Solo 54 días. Ni uno más. Esa es la contraoferta que deslizó ayer la Unión Europea a la primera ministra británica, Theresa May. La líder tory había solicitado una prórroga corta del brexit hasta el 30 de junio, para poder poner orden en casa y lograr el apoyo de los diputados de Westminster al acuerdo de divorcio, pero los Veintisiete fueron taxativos: “Dado que el Reino Unido no tiene intención de convocar elecciones al Parlamento Europeo, no es posible una extensión más allá de esa fecha”, remarcaron en las conclusiones de la cumbre europea que se celebra estos días en Bruselas.

La UE quiere que Londres haga los deberes y se vaya el día 22 de mayo a más tardar. ¿Por qué? Al día siguiente arrancan las primeras elecciones europeas. La posibilidad de interferencias políticas, el escenario de incertidumbre y las dudas jurídicas en torno a la configuración de la futura Eurocámara inclinaron al Consejo Europeo a acortar el calendario.

A pesar de todo, la prórroga podría evaporarse si el parlamento británico no aprueba el acuerdo de divorcio “la semana que viene”. El límite, no obstante, está en el 12 de abril. Para entonces, las dudas sobre el futuro del brexit deben estar disipadas. ¿Por qué esa fecha? “Es clave”, explicó el presidente del Consejo, Donald Tusk. Es el último día del que dispone el Reino Unido para decidir si concurre o no a los comicios europeos de mayo. Si May no ha logrado sacar adelante el acuerdo para entonces, los Veintisiete interpretarán que Londres se marcha de inmediato, sin prórrogas que valgan, a no ser que May manifieste su intención de convocar las elecciones europeas. Esa maniobra se interpretará como el deseo de acceder a una prórroga larga sine die para despejar el panorama político británico, ya sea con nuevas elecciones o con un nuevo referendo. El Reino Unido quedaría atrapado en la UE.

Toda la presión está ahora sobre los hombros de May y los diputados de Westminster. Aunque la británica consigue un balón de oxígeno de la UE, tendrán que votar al límite del precipicio. “Hemos hecho lo mejor que hemos podido. Ahora la solución está en Londres”, aseguró el negociador europeo, Michel Barnier. “Nuestro principal objetivo hoy era evitar un brexit duro la próxima semana. Así que habrá un aplazamiento hasta el 12 de abril”, se justificó el canciller austriaco, Sebastian Kurz, tratando de salvar los muebles de la UE, que ayer volvió a estirar sus líneas rojas. “Ahora debe ser el parlamento británico el que nos diga lo que quiere. No depende de nosotros solos (…) Si no sale el acuerdo habrá que plantearse los diferentes escenarios”, abundó el presidente español, Pedro Sánchez.

El hastío y el enfado de los líderes europeos no enturbiaron el buen humor del presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, quien respondió de forma socarrona a las dudas sobre cuánto duraría una prórroga larga solicitada el 12 de abril: “Hasta el final”, aseguró entre las risas del público. También Tusk quiso ponerle el broche cómico a una velada infernal. ¿Qué lugar está reservado para quienes promovieron el brexit? “Según nuestro Papa, el infierno está vacío, así que hay espacio para todos”.

La canciller alemana, Angela Merkel, puso la nota serena y racional a la cita, dejando claro que para Berlín, el brexit duro no es una opción, quiere evitar ese escenario a toda costa: “Es un hecho de importancia histórica así que debemos actuar de forma cauta y trabajar hasta el último minuto para garantizar que tendremos un brexit ordenado”, declaró. 

La Unión y May trasladaron toda la presión al Parlamento de Westminster La canciller alemana, Angela Merkel, dejó ayer claro que para Berlín, el brexit duro no es una opción, quiere evitar ese escenario a toda costa. «Es un hecho de importancia histórica así que debemos actuar de forma cauta y trabajar hasta el último minuto para garantizar que tendremos un brexit ordenado», declaró ayer dejando entrever la posibilidad de activar una solución de emergencia que podría suponer la defunción política de Theresa May si pasa por revocar el divorcio o alargar la permanencia del Reino Unido en la UE sine die.

¿Coreografía pactada o ratonera política?

 C. P. Bruselas / Corresponsal

¿Coreografía pactada o ratonera política? Es la pregunta que sobrevoló la cumbre europea ayer en Bruselas. Todas las señales indican que los Veintisiete y la primera ministra, Theresa May, han medido al milímetro la coreografía del brexit para añadir la suficiente dosis de drama que necesita la premier para quebrar la voluntad de los diputados británicos a las puertas de una tercera y ajustadísima votación, solo un día antes de la fecha de salida. Westminster detesta el acuerdo de divorcio, pero existe un miedo atroz a que se cumpla la autoprofecía: la salida accidental de la UE el próximo 29 de marzo. No es menos cierto que May también se ha salido del guion en numerosas ocasiones. A pesar de las trampas que le han puesto por el camino y todas las derrotas políticas que carga a sus espaldas, la líder de los tories resiste, contra todo pronóstico. Lo expresó muy bien el primer ministro holandés, Mark Rutte: «Le tengo el mayor de los respetos. Su tenacidad es enorme. Es casi inhumana su lucha contra tanta gente y para asegurarse de que el Reino Unido no se va por el precipicio el próximo viernes», deslizó ayer. May se mantiene firme y lo hace rompiendo la lógica política de Bruselas. Ayer mismo llegó a poner sobre la mesa la posibilidad de renegociar el acuerdo, para perplejidad de los Veintisiete, quienes respondieron con un suspiro de hartazgo e incredulidad.

Deliberadamente o no, la premier se encuentra, eso sí, atrapada en una ratonera y solo podrá salir de ella agitando el miedo a un brexit caótico en la Cámara de los Comunes o accionando la palanca de freno al Artículo 50 sobre la bocina, sea la semana que viene o en el mes de mayo. No hay apetito para abrir vías de escape de emergencia si estas terminan en el mismo punto de partida: Un bloqueo político al brexit. Así que, ¿qué tiene planeado la UE? Evitar una tercera derrota segura la semana que viene. Eso es lo que les trasladó la conservadora. Sigue sin reunir los apoyos necesarios. Y nadie quiere forzar una votación que se salde con un fracaso colectivo así que, infringiendo una vez más la promesa de no alargar la agonía más allá del 29 de marzo, los Veintisiete han preferido aplazar el divorcio. El riesgo de esta maniobra es que los diputados británicos saquen pecho por haber logrado cambiar a su antojo el calendario de la UE. Ellos marcan el tiempo. Es un precedente peligroso y no ofrece garantías de que se llegue al mes de mayo con el texto aprobado. ¿Qué podría pasar entonces? O May empuja al Reino Unido a las elecciones europeas y disuelve el Gobierno en Londres o se van definitivamente.

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