Los socialdemócratas alemanes, cerca de romper la coalición de Gobierno con la CDU

El matrimonio de conveniencia cumple un año con temas pendientes y nuevas grietas entre ellos


Corresponsal | Berlín

«Tan atractiva como un hongo en el pie». Así se refirió el vicepresidente del SPD a la idea de forjar otra gran coalición junto a los conservadores de la CDU y la CSU antes de las generales del 2017. Lo último que Ralf Stegner se imaginaba era que, tras la debacle que esas elecciones representaron para el bipartidismo, su formación se vería obligada a reeditar la alianza de Gobierno solo para evitar nuevos comicios que habrían dejado a Alemania a merced de la ultraderecha. Un matrimonio de conveniencia que acaba de cumplir un año rodeado por la misma insatisfacción que cuando nació, el 14 de marzo del 2018.

A primera vista el balance de la GroKo, como se conoce popularmente a la gran coalición, es positivo. De los 139 proyectos que tenían previstos los tres socios, han logrado sacar adelante dos tercios. Además, se han sumado importantes tantos al aprobar una reforma de la ley de guarderías, subvenciones a las familias para la construcción de vivienda, y una leve rebaja fiscal. Sin embargo, el problema es que a la CDU, la CSU y el SPD se les agotan las ideas, mientras crece la lista de asuntos pendientes sobre los que parece casi imposible que vayan a ponerse de acuerdo. Una lista encabezada por los presupuestos para el 2020, la ampliación de la red digital 5G, la reforma del impuesto territorial, un aumento de las subvenciones para investigación, o incluso cómo afrontar los crecientes ataques de lobos contra el ganado.

Si hay un tema peliagudo en el ámbito nacional es el de la lucha contra el cambio climático, sobre todo después de que la titular de Medio Ambiente, la socialdemócrata Svenja Schulze, fijara el porcentaje de emisiones que debe reducir cada cartera. Un proyecto de ley que ha desatado la ira de los ministerios de Transporte, Energía, Agricultura y Vivienda, todos ellos en manos de los conservadores.

Papel mojado

Fuera de Alemania preocupa su postura en política europea. «Un nuevo despertar para la UE», reza el primer capítulo del contrato que firmó la GroKo y que un año después ha quedado reducido a papel mojado. A medida que Angela Merkel cedía poder a su sucesora al frente de la CDU, Annegret Kramp-Karrenbauer, el partido viraba más a la derecha. Hoy los conservadores alemanes frenan los planes del presidente francés, Emmanuel Macron, de lograr una UE social con un salario mínimo y un presupuesto comunitarios, provocando con ello la indignación del SPD. Sin duda, las diferencias entre los miembros de la GroKo se harán más patentes con las elecciones europeas de mayo, así como los comicios en la ciudad-estado de Bremen y tres regiones del este de Alemania. En todas esas citas se prevé un varapalo para los socialistas, que coincidiendo con el ecuador de la legislatura en septiembre, podrían romper la alianza para intentar regenerarse en la oposición.

La coalición, cogida con alfileres, ha estado a punto de saltar por los aires en dos ocasiones. Aunque las tres formaciones han relevado a sus líderes, hoy el clima de tensión sigue siendo el mismo. «Gobernar en tiempos de desconfianza», aseguraba el Süddeutsche Zeitung sobre las constantes disputas de la GroKo, que benefician a Los Verdes y los ultras de AfD, que pese a estar situados en extremos opuestos del tablero político, aglutinan ya un tercio de los votos, tras capitalizar la agenda medioambiental y migratoria respectivamente.

Según una encuesta publicada esta semana, el 70% de los alemanes creen que los socios de coalición están peleados y no tienen un objetivo común, frente al 28% que opina lo contrario. Apenas el 30% de los ciudadanos dice estar satisfecho con el trabajo del Ejecutivo, y el 81% de ellos lamenta que Angela Merkel haya perdido apoyo.

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