May agita el miedo a un «brexit» eterno para lograr el sí a su texto

La UE esperará a la votación del día 20 para estudiar la prórroga

Protesta «probrexit» en el exterior de Westminster
Protesta «probrexit» en el exterior de Westminster

bruselas / corresponsal

Caos y vergüenza. Es lo que se respira en Londres a trece días de que expire el plazo para abandonar la Unión Europea. El interminable melodrama político que están protagonizando los diputados de Westminster ha hecho estallar la indignación ciudadana. No es para menos. Sus políticos han dilapidado en estos dos años de negociaciones el prestigio histórico del país. La falta de seriedad y de lealtad de sus políticos han propiciado batallas intestinas en las que el Reino Unido se ha convertido en rehén.

La primera ministra británica, Theresa May, sabe bien que se le acaban las cartas y que el delirio de sus compañeros de partido, ensimismados en sus propias ambiciones políticas, puede precipitar al Reino Unido al vacío el 29 de marzo. Por eso la premier ha decidido fiar toda su suerte a una tercera votación del acuerdo de divorcio el miércoles, día 20.

Para forzar a los más escépticos a aceptar el texto, May ha tirado de la vieja técnica de agitar el miedo a un brexit eterno. Los tories rebeldes y sus socios unionistas del DUP no quieren ni oír hablar de una prórroga larga del divorcio porque intuyen que posponer la salida condenaría al Reino Unido a seguir formando parte de la UE. Así que la premier envía un mensaje claro: o apoyan el acuerdo o se exponen a que no haya brexit.

Para poder allanar el camino, May se reunió ayer con el DUP. El partido no da su brazo a torcer y, sin su visto bueno, los amotinados del Partido Conservador no enterrarán el hacha de guerra: «Hemos dicho que no cambiaríamos de opinión a no ser que haya cambios legalmente vinculantes para garantizar que la salvaguarda irlandesa es limitada (…) Llevamos dos años insistiendo en ello», aseguró el diputado unionista Jim Shannon.

¿Qué pasa si May encaja el día 20 su tercera derrota? La líder tory pedirá una tregua de tres meses. ¿Para qué? Es una incógnita que la UE exige que aclare. Si a los Veintisiete no le convencen las explicaciones de Londres, podrían rechazar la petición en la cumbre europea del día 21, forzando a May a convocar una cuarta votación sobre la bocina o a activar la palanca de freno del artículo 50 si no quiere una caída libre a final de mes.

La primera ministra llevará por tercera vez al Parlamento su acuerdo de salida Y, ¿qué tipo de prórroga podría ofrecer la UE si decide firmar una tregua? Es difícil anticiparla porque se necesita unanimidad en un bloque donde coexisten distintas sensibilidades. Alemania y Francia estarían a favor de una extensión larga con condiciones claras: que haya cambios políticos o la opción de un segundo referendo. Hay otras capitales que no quieren prolongar más el drama y mucho menos que el divorcio interfiera en las elecciones europeas de mayo. Solo aceptarían una prórroga corta (técnica) si hay luz verde de Westminster el día 20, para dar tiempo a los británicos a despedirse. Una de las razones que alegan algunas cancillerías para oponerse a la prórroga larga es que beneficiaría de forma injusta a empresas y sectores que no han preparado planes de contingencia para la ruptura. Al margen de cómo termine la pantomima en Londres, sus ciudadanos siguen haciendo las maletas. Solo en Bélgica 1.375 residentes británicos pidieron en el 2017 la nacionalidad belga, en comparación con los 127 del 2015, antes del referendo.

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