José Fernández, alcalde venezolano de origen gallego: «Nos morimos de hambre»


Un grupo de jóvenes escarban en un camión de basura en busca de alimentos. La dantesca escena fue captada en vídeo por el periodista de Univisión Jorge Ramos, quien al mostrársela a Maduro durante una entrevista, como prueba audiovisual de que su socialismo fracasó, desató la ira del dictador, quien ordenó detenerlo varias horas, quitarle todos sus equipos y deportarlo.

El mundo se sorprendió. En cuestión de minutos las imágenes se hicieron virales en las redes sociales; diputados, presidentes y organizaciones de defensa de la libertad de expresión se pronunciaron, repudiando una acción que para los venezolanos es cotidiana.

Desde hace mucho en nuestro país la censura impera. Son incontables los casos de periodistas golpeados, robados y amenazados por representantes del régimen, por lo que la detención, robo de equipos y posterior deportación del reconocido comunicador no generó mayor impacto entre los venezolanos, para la mayoría fue algo cotidiano.

Como cotidiano igualmente es ver a niños, jóvenes y ancianos esperar durante horas frente a un supermercado, no para entrar y poder comprar, sino por las bolsas de basura, para escarbar en ellas y extraer alimentos para saciar en el lugar el hambre y llevar algo a casa. La escena no es nueva; buscar sobras dentro de un camión de basura se ha convertido en la única opción para cientos de familias que literalmente mueren de hambre. Ese y no otro es el verdadero legado de Chávez y de su heredero Maduro.

Venezuela muere de hambre y no es precisamente por culpa de las sanciones que como medida de presión, para generar el quiebre de la dictadura, ha impuesto en los últimos meses el Gobierno norteamericano. Venezuela muere de hambre porque así lo dispuso Chávez y lo reiteró Maduro al expropiar miles de fincas y negocios; el hambre no es más que el producto de la quiebra de la agricultura y la ganadería del país.

Los portavoces del chavismo-madurismo, inmersos en el desespero de justificar el desastre que generaron en 20 años de corrupción, buscan echarle la culpa -como todo régimen- al imperio. Pero los venezolanos lo tenemos claro: la falta de alimentos básicos en un principio fue consecuencia directa de las expropiaciones, mientras que la hiperinflación, que, por cierto, es la más alta registrada en el hemisferio occidental, es hija directa de un manejo de la economía errado y malicioso.

El cóctel que crearon es, sin duda, mortal. Las consecuencias de su desastre vienen de lejos. En los años 2012, 2013, 2014, 2015 y 2016 tuvieron que importar todo, carne de Brasil, granos y otros productos desde México o Colombia, por nombrar algunos, pero ahora con la quiebra de la industria petrolera PDVSA -producto de la corrupción- no tienen recursos para comprar fuera lo que dentro no se produce y eso ha disparado la escasez de prácticamente todo.

Pero los venezolanos no estamos dispuestos a morir de inanición. La lucha por recobrar nuestra democracia y en base a ella levantar una economía sana que nos convierta de nuevo en la potencia que durante tantos años -antes de la llegada del chavismo al poder- fuimos en Latinoamérica está en proceso; no tenemos duda de que nuevamente lograremos nuestra libertad y reconstruiremos nuestro hogar, nuestra patria.

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