París da la bienvenida al año del cerdo

La comunidad china aprovechó para reivindicar no ser discriminada en Francia


París

Ayer al mediodía, un impresionante cortejo de dragones de tela y tigres danzantes invadió el mayor barrio asiático de París para celebrar el año nuevo chino. El desfile, al que asistieron unas 200.000 personas, puso fin a dos semanas de celebraciones organizadas en toda la capital: desde exposiciones de arte, a espectáculos, proyecciones de películas y debates.

El desfile de este barrio, conocido como «el triángulo de Choisy» por la forma que resulta de los bulevares que lo limitan, es el más antiguo de París, remontándose a 1980. Además de músicos y bailarines, en la colorida procesión también participan asociaciones, colegios y comercios locales. En las aceras, salpicadas de altares rebosando de mandarinas que, según la tradición, traen buena suerte, los ancianos que habitualmente venden sus verduras en el mercado cambian las coles chinas por varillas de incienso que van repartiendo a los asistentes.

Las celebraciones para despedir el año del perro y dar la bienvenida al del cerdo también dieron cabida a las reivindicaciones de los franceses de origen asiático en contra de la discriminación. En el Museo Nacional de la Historia de la Inmigración, unos 200 espectadores acudieron a la proyección y debate alrededor de la webserie Ça reste entre nous (Queda entre nosotros), cuyo objetivo es denunciar el racismo y promover la representación de la comunidad asiática en Francia, gran olvidada de las asociaciones y discursos antirracistas.

La directora de la webserie, Grace Ly, hija de una pareja sino-camboyana, arremete contra los prejuicios que tachan a la comunidad de cerrada y defiende que la integración «no es hablar el idioma de Molière sin acento, sino participar activamente como ciudadano en la vida de la sociedad». «Cuando tenía seis años, sentí que mis padres estaban fuera de la sociedad francesa. No venían del mismo molde que los padres de mis amigos. Pero hoy me doy cuenta de que, de hecho, estaban perfectamente integrados. Eran comerciantes, tenían muchos clientes, pagaban sus impuestos, contribuían a la sociedad francesa», explicó en una entrevista.

La capital francesa cuenta con otros dos barrios asiáticos, uno en el turístico y céntrico Marais y otro en Belleville, al norte. Sin embargo, el del distrito 13 es el más grande, no solo del país, sino de Europa. El primer asentamiento chino en París se remonta principios del siglo XX, y fue poco a poco creciendo a lo largo de las dos Guerras Mundiales, durante las cuales numerosos soldados reclutados en China por el ejército francés decidieron quedarse.

Poco después de la revolución de Mao en 1949, más inmigrantes llegaron a la capital, esta vez revitalizando y retomando los talleres del Marais, el barrio judío, desierto tras las deportaciones durante la ocupación nazi. Sin embargo, la primera gran ola de inmigración no sucedió hasta los 70, con la llegada refugiados procedentes del sudeste asiático, particularmente de Vietnam, Laos y Camboya, antiguas colonias francesas.

Los recién llegados encontraron un hogar en el recientemente urbanizado y modernizado distrito 13, donde mantienen una fuerte presencia comercial y cultural. Hoy en día, «el triángulo de Choisy» está lejos ser un barrio hermético y acoge una multitud de diferentes comunidades, tanto asiáticas como africanas y del resto de Europa; un carácter cosmopolita que hace del desfile de año nuevo chino una celebración de la diversidad.

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