Nadie quiere a los niños del califato

Entre los familiares de los yihadistas que huyen de la ofensiva kurda, están pequeños a menudo huérfanos de padre y con madres originarias de países donde no son bienvenidas

Mujeres y niños son evacuados en un camión de Baghuz, el último reducto del Estado Islámico
Mujeres y niños son evacuados en un camión de Baghuz, el último reducto del Estado Islámico
Maya GEBEILY
Baghuz / afp

Huyen de lo que queda del califato autoproclamado hace más de cuatro años por los yihadistas del Estado Islámico (EI) en Siria. Son niños nacidos en un estado que desapareció, a menudo huérfanos de padre y con madres originarias de países donde no son bienvenidas. Sus caras destacan entre un mar de niqabs, al lado de sus madres, hacinados en camionetas que los evacúan del último reducto del EI en el este de Siria. 

Hay recién nacidos de apenas tres meses, que lloran por cansancio y hambre. Los mayores observan en silencio a los periodistas. Llevan varias capas de ropa para intentar resistir al frío: jerséis, cazadoras, mantas, gorros... Resulta difícil adivinar el estado de sus madres bajo el velo integral, pero sus ojos transmiten cansancio, agotamiento, y tienen las manos muy delgadas. Desde hace meses, la comida escasea en el último reducto yihadista, el llamado «bolsón de Baghuz» (apenas 4 kilómetros cuadrados blanco), blanco de la ofensiva lanzada el sábado por la alianza kurdo-árabe de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), respaldada por la coalición internacional que dirige Washington.

En las horas más bajas del califato, bajo los bombardeos y los ataques aéreos de la coalición internacional, seguían naciendo bebés. Jadija tiene un año. Nació en los territorios del califato de la provincia de Deir al Zur, fronteriza con Irak. Está envuelta en una manta en los brazos de su madre, una siria de apenas 17 años originaria de un lugar muy lejano para ella Manbij, situada a cientos de kilómetros el norte.

A la pregunta de qué espera para su hija, responde con una mirada vacía. El padre, también joven, fue detenido por las FDS y espera en otra camioneta junto a decenas de hombres.

Hay mujeres de otras nacionalidades: iraquíes, turcas, rusas, ucranianas y francesas. ¿Qué les espera? Un futuro incierto en campos de desplazados en el norte de Siria controlados por las autoridades kurdas con una zona destinada a los familiares de los presuntos yihadistas. 

«Estoy embarazada»

Para llegar, las mujeres atravesaron con sus hijos cientos de kilómetros por el desierto, en camionetas. En el arcén de la carretera se ven objetos arrastrados por el viento: una maleta, un jersey gris, un cochecito de bebé azul abandonado. Al menos 35 niños murieron de camino o poco después de llegar al campo de desplazados de Al Hol, sobre todo por hipotermia, según la ONU.

En la entrada de Al Hol, mujeres y niños, la mayoría menores de cinco años, están sentados sobre mantas apiladas a la espera de la atribución de una tienda de campaña. Cerca de allí, en la clínica, un médico agotado examina a unos niños esqueléticos. «Me acabo de enterar de que estoy embarazada», dice una joven de 19 años con un bebé apoyado en la cadera.

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