Bukele arrasa en El Salvador y acaba con el bipartidismo

Acabar con la corrupción, la pobreza y la violencia, sus retos

Bukele se proclamó ganador con más del 53 % de los votos válidos a su favor
Bukele se proclamó ganador con más del 53 % de los votos válidos a su favor

BOGOTÁ / E. LA VOZ

El Salvador rompió el pasado domingo con tres décadas de bipartidismo. Los ciudadanos del país centroamericano votaron masivamente a favor de Nayib Bukele, un joven político, de 37 años, que se presentó como el candidato del cambio. «Hemos pasado la página de la posguerra. Invito a todos los salvadoreños a celebrar la victoria frente al bipartidismo», dijo el futuro presidente en la celebración de su victoria.

Consiguió el 53,8 % de los votos, convirtiéndose en el primer político que logra imponerse en primera vuelta de las presidenciales desde la firma del acuerdo de paz, en 1992, que puso fin al conflicto civil de los años 80.

Muy atrás quedaron las formaciones que habían dominado el país desde entonces. Carlos Calleja, de la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena), contabilizó el 31,6 % de los votos.

El batacazo fue tremendo para el izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) que había gobernado la década anterior y cuyo candidato, Hugo Martínez, apenas sumó el 13,7 %. La formación exguerrillera sufrió en las urnas por los casos de corrupción que han asolado a la formación. También han afectado a Arena. Los tres últimos presidentes del país están procesados.

Minoría en el Parlamento

Bukele prometió acabar con la corrupción e incluso aboga por la instalación en el país de una comisión independiente contra la impunidad como las de Honduras y Guatemala. El joven político deberá enfrentar la pobreza que vive su país [el 33,4 % de los salvadoreños sufre pobreza multidimensional] y que ha generado en los últimos años una migración masiva hacia EE.UU.

Tendrá también que hacer frente a la violencia. El Salvador es el país con la tasa de homicidios más alta del mundo, aunque el último Gobierno logró reducir los asesinatos en un 25 %. Bukele no lo tendrá fácil para gobernar. Su partido, la derechista Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), cuenta con apenas 11 diputados en una Asamblea Nacional donde son mayoría Arena (9 diputados) y el FMLN (23).

Su victoria tendrá eco internacional. Venezuela y Nicaragua pierden un aliado con la salida del FMLN del poder. «Dictadores como Maduro, Daniel Ortega en Nicaragua y Juan Orlando en Honduras jamás tendrán legitimidad porque se mantienen en el poder a la fuerza y no respetan a los pueblos. Dictador es dictador. De derechas o de izquierdas», dijo.

El triunfo del candidato de los «millennials»

h. e.

Nayib Bukele (San Salvador, 1981) llegó a su mitin de la victoria con pantalones vaqueros, chupa de cuero y mientras sonaba de fondo Viva la Vida, del grupo británico Coldplay. El joven que ha revolucionado la política salvadoreña se mantiene fiel a su estilo rupturista. Comprende bien el márketing electoral. No en vano, es publicista de profesión.

Bukele nació en el seno de una familia palestina emigrada a El Salvador. De pequeño vio como sus padres daban refugio en su casa a guerrilleros del Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Reconocido por su emprendimiento, ingresó en el partido de los exguerrilleros cuando quiso dar el salto a la política. Se convirtió en el 2015 en alcalde de San Salvador bajo las siglas del FMLN. Ganó gran popularidad reformando el oscuro y peligroso centro histórico. El diario El Faro señaló el año pasado que pactó un acuerdo con las pandillas salvadoreñas en la ciudad. Él lo niega y dice que intentó aplacarlas invirtiendo y generando empleo en sus comunidades.

Bukele fue expulsado del FMLN en el 2017, tras meses de discrepancias y la reticencia del partido a presentarlo como candidato. Creó entonces una formación, Nuevas Ideas, que no ha podido participar en las elecciones por inscribirse tarde. Eso le hizo aliarse con Gana, una escisión de la derechista Arena, que ha estado inmersa en casos de corrupción y cuya relación con Bukele en el futuro es una incógnita. El joven político, a quien se le presume una posición centrista, prometió la creación de un puerto, un aeropuerto y un sistema ferroviario, pero existen dudas de que los pueda financiar. Tampoco ha explicado bien su plan para hacer frente a las pandillas, aunque apuesta por la prevención más que por las negociaciones con los mareros.

Ha basado su campaña en las redes sociales, realizando escasos mítines o entrevistas y desistiendo de asistir a debates. Ahora es el presidente millennial.

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