El Parlamento brasileño más conservador se lo pondrá difícil a Bolsonaro

La nueva legislatura echó ayer a andar en Brasil con la entrega de las actas a los diputados y a los senadores

Diputados opositores sostienen carteles que dicen «Lula libre», durante la apertura de la nueva legislatura en Brasilia
Diputados opositores sostienen carteles que dicen «Lula libre», durante la apertura de la nueva legislatura en Brasilia

Brasilia / corresponsal

Después de las elecciones celebradas en octubre, la toma de posesión de Jair Bolsonaro como presidente el 1 de enero y tras el parón vacacional de todo el mes (sumémosle meses de agonía del caduco Gobierno de Michel Temer), la nueva legislatura echó ayer a andar en Brasil con la entrega de las actas a los diputados y a los senadores, así como con la elección de los presidentes de ambas cámaras del Parlamento brasileño. Arranca un curso político en el Legislativo más fragmentado de la historia (30 partidos), con más debutantes y más jóvenes que nunca (algunas escenas remitían más a un fiesta de graduación) y en el que, a pesar de a mayoría conservadora que arrojaron los resultados de las urnas, nada garantiza a Bolsonaro una tranquila presidencia.

El Congreso brasileño cuenta con 513 escaños y el partido del ultraderechista (el hasta ahora minúsculo Partido Social Liberal) cuenta apenas con 51. Las alianzas conseguidas durante la campaña electoral y la tendencia natural de la derecha más tradicional amplía su apoyo a un bloque de 301 diputados, casi los necesarios para los tres quintos que exigen las reformas más profundas, como la de las pensiones y, quizás, otras de calado como la electoral. Pero la amalgama de siglas e intereses (conservadores que ven excesos en la nueva presidencia, evangélicos, lobbistas de las armas, partidarios del agronegocio más agresivo) forzarán a Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente y diputado en la cámara, a apurar sus dotes negociadoras en una relación que suele suponer soltar dinero en forma de ayudas o subvenciones para las regiones de cada diputado a cambio de votos.

Pactos y acoso

De igual manera, Flávio Bolsonaro, otro de los vástagos del presidente, está llamado a urdir pactos en el Senado federal, donde casi la mitad de los escaños son ocupados por nombres que vieron su candidatura electoral prosperar tras asociarse al ahora presidente. Pero Flávio está siendo acosado por un caso oscuro de corrupción relacionado con un asesor-consejero-chófer que movía cantidades de dinero sospechosas.

Bolsonaro tendrá que extender la chequera y exprimir sus dotes de seducción entre los parlamentarios bajo la atenta mirada del grupo militar de su Ejecutivo, que desprecia todos esos tejemanejes y actúa como sector crítico dentro del Gobierno. La situación de la oposición tampoco parece mucho más estable: el Partido de los Trabajadores sigue siendo el más representado en el congreso (54) pero ha visto cómo otro bloque de izquierdas ha presentado otra portavocía para la junta directora de la cámara y, en definitiva, para liderar la oposición en el Parlamento.

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