La UE sepulta el deseo británico de renegociar la ruptura

Los líderes comunitarios lanzan un mensaje claro a la «premier»: el acuerdo es el que es y no está abierto a cambios


Bruselas / CORRESPONSAL

«No se va a renegociar el acuerdo de salida», zanjó ayer en la Eurocámara el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker. El portazo se oyó desde Londres, donde Theresa May y el líder laborista, Jeremy Corbyn, se reunían para buscar alternativas al bloqueo que sufre el acuerdo del brexit en Westminster. «Espero que no se dediquen a tomar té y galletas. Podrían solucionar el problema si trabajaran conjuntamente», deslizó el líder de los liberales en el Parlamento Europeo, Guy Verhofstadt, a modo de reproche porque, según él, y muchos socios europeos, los partidos británicos han actuado con irresponsabilidad en el proceso de divorcio, empezando por los tories. «Lo que empezó como una riña en el partido conservador ahora es un problema existencias dentro del Reino Unido», señaló el belga.

Más allá de lamentos y censuras, los líderes comunitarios aprovecharon para lanzar un mensaje claro a la premier: El acuerdo es el que es y no está abierto a cambios. «May se distancia ahora del tratado que ella misma negoció y acordó», señaló con perplejidad el negociador europeo del brexit, Michel Barnier.

Un paso atrás

El francés lo interpreta como un paso atrás: «Estamos en un momento muy grave de extrema seriedad», admitió. Toda la UE coincide en el diagnóstico: «Hoy es mucho más probable una salida desordenada con consecuencias mucho peores. Va a ser un test para nuestra unidad. Es necesario resistir la tentación de acuerdos bilaterales», advirtió en nombre del Consejo la Secretaria de Estado para Asuntos Europeos rumana, Melania Ciot.

También Juncker puso el foco en la alta probabilidad de que se desencadene una situación caótica en el Reino Unido si Londres insiste en cambiar los términos de la «red de seguridad» para Irlanda del Norte, una cláusula que, a falta de alternativas viables, obligaría a esta región a permanecer en el mercado interior y unión aduanera para evitar una frontera dura entre las dos Irlandas. La UE quiere evitar que resurja la violencia en el Úlster. Y eso es precisamente lo que May pretende volver a negociar en Bruselas. Algo imposible para los Veintisiete. El primer ministro belga, Charles Michel, les pidió ayer sensatez: «Los británicos deben ser realistas», sostuvo enterrando la esperanza de los tories de conseguir anotarse un tanto sobre la bocina.

Quedan 58 días para que el Reino Unido diga adiós a la UE y Bruselas ultima los preparativos para un divorcio sin acuerdo. Ayer mismo la Comisión aprobó tres nuevas medidas legislativas para garantizar que los 14.000 estudiantes comunitarios y los 7.000 británicos de Erasmus podrán completar sus estudios a ambos lados del Canal de la Mancha. También ha iniciado el procedimiento para que los Estados miembro garanticen las pensiones y seguros de sus nacionales a partir del 29 de marzo. Deberán tener en cuenta todo el historial de empleo en el Reino Unido a la hora de calcular los beneficios sociales. Los beneficiarios de fondos europeos también podrán seguir recibiendo las ayudas siempre que el Reino Unido honre sus compromisos adquiridos. Todas las propuestas se mantendrán en pie si Londres actúa de forma recíproca.

Corbyn y May, sin consenso sobre la unión aduanera tras el «brexit»

Rita A. Tudela
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La primera ministra insiste en que Londres debe «ser libre para firmar sus propios acuerdos comerciales»

La primera ministra británica, Theresa May, y el líder de la oposición, Jeremy Corbyn, se reunieron ayer a puerta cerrada para consensuar el acuerdo de salida de Reino Unido de la UE, en un encuentro «serio y comprometido», pero en el que no hubo consenso sobre la futura permanencia en la unión aduanera.

Fue la primera reunión del año para tratar el brexit, después del repetido rechazo de Corbyn, que exigía para sentarse a negociar que May renunciase a una salida sin acuerdo de la UE. La aprobación de una enmienda en los Comunes el martes que así lo establece propició la esperada reunión, pero las cosas siguen donde estaban: el laborista es partidario de seguir en la unión aduanera y la primera ministra no está dispuesta a suavizar su oposición.

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