Las sanciones económicas de Trump a Venezuela desatan una nueva guerra entre Estados Unidos y Rusia

Moscú admite que Caracas podría tener problemas para efectuarle el pago de la deuda después de que el presidente norteamericano ordenase bloquear 7.000 millones de activos de la petrolera Pdvsa

Serguei Lavrov, ministro de Exteriores de Rusia
Serguei Lavrov, ministro de Exteriores de Rusia

NUEVA YORK / COLPISA

En cuestión de días, el Gobierno de EE.UU. ha reconocido a un nuevo embajador de Venezuela en Washington, ha dado el control de las cuentas bancarias del Banco Central de Venezuela al autoproclamado presidente Juan Guaidó y considera embargar el importe del crudo que Caracas envía a las refinerías en el golfo de México, además de haber bloqueado 7.000 millones de activos de la petrolera Pdvsa, que podría sufrir unas pérdidas de otros 11.000 millones de dólares durante este año.

La reacción de Rusia no se ha hecho esperar. Mientras su ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, calificaba de "sanciones ilegales" las disposiciones adoptadas por Estados Unidos, el portavoz de la Presidencia rusa, Dmitri Peskov, anunciaba que el Kremlin «defenderá sus intereses». ·Se trata de un asunto comercial, añadió. «Vamos a defender [nuestros intereses] en el marco del derecho internacional, empleando todos los mecanismos a nuestro alcance», subrayó Peskov, quien reiteró la postura de Moscú, según la que las sanciones de EE.UU. son en la mayoría de los casos «una muestra de competencia desleal».

La campaña diplomática del Lavrov asegurando que Rusia «hará todo por respaldar al Gobierno legítimo del presidente Maduro», se ve completada por las declaraciones del  viceministro de Finanzas, Serguéi Storchak, quien admitió este martes que Venezuela probablemente tendrá problemas para efectuar el pago de la deuda que ha contraído el país andino con Rusia, estimada en unos 3.000 millones de dólares.

«Es probable que haya problemas», dijo a Storchak a los medios rusos, según recoge la agencia RIA Nóvosti. El próximo pago de la deuda es en el mes de marzo.

A Trump le falló una resolución para que el Consejo de Seguridad de la ONU  reconociese a la Asamblea Nacional venezolana como la única institución elegida democráticamente, lo que hubiera legitimado a Guaidó como presidente interino. Con todo, Washington no contaba con sacarla adelante, dada la oposición de Rusia y China, sino que convirtió esa sesión en un megáfono para presionar a los países que aún no lo habían hecho a reconocerlo como presidente. Israel y Australia se sumaron a la lista. 

Derrocador en jefe

Washington quiere que secunden su iniciativa de redirigir las cuentas e intereses financieros de Venezuela al nuevo mandatario para dotarlo de medios económicos con los que ganarse el apoyo del pueblo venezolano, con el que la oposición intenta sacar músculo estos días. La decisión de autorizarle el uso de las cuentas bancarias no fue anunciada por el Departamento del Tesoro, sino por el senador Marco Rubio, al que el The New York Times ha bautizado como ouster in chief (derrocador en jefe).

El asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, tiene otras ideas: compartir las oportunidades de negocio que presentará el petróleo venezolano. Precisamente por la susceptibilidad que provoca, el Gobierno de Trump intenta ser cauto con el embargo del petróleo venezolano, su mejor arma para asfixiar a Maduro. La alternativa es que Guaidó logre ejercer el control sobre PDVSA, la empresa estatal propietaria de la refinería Citgo con sede en Houston (Texas). 

El otro balón de oxígeno que Maduro al parecer ha perdido es el de sus reservas de oro en el Banco de Inglaterra. Ante el temor de que fueran incautadas, el Gobierno de Maduro había cerrado días antes del golpe una transacción con el Deutsche Bank para transformarlas en 1.300 millones de dólares, que ya no recibirá a petición de Guaidó. 

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