La UE anticipa un escenario caótico para el «brexit»

Bruselas exigirá a Londres la devolución de 45.000 millones de euros y se muestra dispuesta a litigar

Michel Barnier cree que una prórrogan no mejorará la situación del «brexit»
Michel Barnier cree que una prórrogan no mejorará la situación del «brexit»

bRUSELAS / CORRESPONSAL

Poco a poco se van apagando los últimos destellos de esperanza en la Unión Europea (UE). Faltan 62 días para el desenlace del brexit. El 29 de marzo los británicos cogerán la maleta y dirán adiós, pero ¿de qué manera? El negociador europeo, Michel Barnier, está convencido de que la ruptura será traumática. El francés aseguró ayer durante un debate el Comité Económico y Social Europeo (CESE) que un brexit caótico «es el escenario predeterminado» sobre el que trabaja su equipo.

A medida que pasan los días esa opción cobra fuerza. El bloqueo en Westminster persiste y lo que es peor, parece que algunos diputados no han entendido las señales que ha enviado Bruselas advirtiendo de que el acuerdo «no es negociable». El tory euroescéptico Jacob Rees-Mogg insistía ayer en introducir «cambios fundamentales» en el texto.

Barnier torna los ojos en blanco, hastiado de los tirabuzones políticos del partido conservador británico. El galo recordó ayer a los Comunes que solo si logran conformar una mayoría a favor del acuerdo se podrá evitar el precipicio. No confía demasiado en la concesión de una prórroga: «Hace meses que digo que hacen falta decisiones, no más tiempo», sostuvo. Y ese es el reto que tiene por delante el Parlamento británico. Sus diputados volverán a la cámara el 29 de enero para votar el plan B de May.

Una salida sin acuerdo obligará a una frontera dura en el Úlster, con controles continuos El obstáculo con el que lidia la premier tiene que ver con la futura frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte. La UE tiene claro que, a pesar de la resistencia de Dublín, una salida a las bravas, obligará a levantar una frontera dura en el Úlster, con controles y chequeos permanentes. El Gobierno irlandés quiere evitar a toda costa este escenario que podría revivir el fantasma de la violencia en la región, en paz relativa desde la firma de los acuerdos de Viernes Santo. Aunque Bruselas manifestó ayer su intención de «hacer todo lo que se pueda, haya o no acuerdo, para resolver el problema de las fronteras y proteger los acuerdos de paz», la realidad se impone: la integridad del mercado interior y la unión aduanera exigirá levantar una estructura física en la región.

A pesar de que el riesgo de descalabro sigue aumentando, Barnier no renuncia a pasar la factura del divorcio a Londres. Otra cosa es que los británicos la paguen. El montante ascendería a unos 45.000 millones de euros. «Todos los compromisos del Reino Unido como miembro de la UE deberán ser respetados. Pero será difícil hacerlos respetar en caso de que no haya acuerdo», admitió el francés, quien sugirió que, de ser necesario, Bruselas litigará para forzar al Gobierno de May a desembolsar lo que deben: «Los compromisos tienen naturaleza jurídica desde el punto de vista del derecho internacional», les advirtió.

El club de los «brexiters», optimista ante cualquier divorcio

Iñigo Gurruchaga

Ningún asiento vacío, miembros de la tercera edad en pie en los pasillos, nombres de grandes figuras británicas de la ciencia y la industria -Newton, Watt, Arkwright...- grabados en la moldura del techo y un reloj digital presidiendo el escenario. Quedaban 65 días, 9 horas, 52 minutos y 30 segundos para el Freedom Day, el día de la libertad, cuando el moderador, Barry Legg, celebró la inminencia del brexit.

El Grupo de Brujas se formó tras un discurso de Margaret Thatcher en la ciudad belga, en 1988. «Britain no sueña con una existencia confortable y aislada en los márgenes de la Comunidad Europea. Nuestro destino está en Europa», dijo allí, pero sobrevive entre sus fieles su rechazo aquel día a la centralización de poderes en Bruselas.

Convertido ahora en asociación de brexiters, había reunido a un público entusiasta y a tres oradores: Roger Bootle, un economista de la City, que fue premiado por diseñar el mejor método para marcharse del euro; Crispin Blunt, un exmilitar y diputado que fue ambiguo sobre la cuestión europea hasta el referendo del 2016; pero la estrella era Jacob Rees-Mogg.

Hombre de cortesías antiguas, es el miembro más destacado del grupo de brexiters que trae de cabeza a Theresa May. Precoz financiero, estudiante en Eton y en Oxford, puede confiarse en él para una puntualización desde su escaño sobre asuntos de procedimiento parlamentario o cuestiones constitucionales. Y ha encontrado la manera de evitar que se bloquee el brexit.

La enmienda de Cooper

Si las enmiendas presentadas a la declaración de May logran el martes aplazar el brexit y ponerlo en peligro, el único procedimiento constitucional para evitarlo, con precedentes medievales, sería que la reina se presentase en el Parlamento y lo prorrogase, causando la anulación de los proyectos de ley en tramitación. Rees-Mogg no desea que May tenga que recurrir a Isabel II.

Pero está preocupado por el efecto que puede tener una enmienda encabezada por la laborista Yvette Cooper, suscrita por diputados de otros partidos y que parece tener el respaldo de Jeremy Corbyn, por la cual el Parlamento exigirá al Gobierno que solicite el aplazamiento del brexit si al fin de febrero no se ha llegado a un acuerdo con la UE. Qué entusiasmo en el auditorio cuando el diputado por Somerset Norte afirmó que los británicos avanzan «llenos de alegría y optimismo». «E Yvette Cooper no nos parará», añadió. A juicio de Rees-Mogg, se vive «un momento importante» para la Constitución británica, para las relaciones entre el poder ejecutivo y el legislativo, provocado por quienes «quieren retrasar el brexit para evitar que nos vayamos».

Su optimismo no se funda únicamente en el futuro fuera de la UE sino en el presente. «Creo que finalmente las cosas van por nuestro camino», dice. Porque en Irlanda, Polonia o Italia, en las últimas palabras de Angela Merkel sobre su disposición a «trabajar día y noche para llegar a un acuerdo», oye voces que expresarían el temor comunitario a una salida abrupta del Reino Unido.

Ceden los demás, pero no él. Votará de nuevo contra el acuerdo de salida si no se elimina la salvaguarda irlandesa, por la que el Reino Unido permanecería en una unión aduanera e Irlanda del Norte asumiría además regulaciones del mercado común para evitar una frontera fuerte.

Para Blunt, el pulso entre Londres, Dublín y Bruselas estaría evolucionado ahora en favor de los euroescépticos porque «es ahora evidente que quien más sufriría tras una salida sin acuerdo sería Irlanda».

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