El nombre de Macedonia crispa el debate político en Grecia

El Parlamento vota hoy el acuerdo entre Atenas y Skopie

Katrougalos, ministro de Exteriores griego, se agarra la cabeza durante el debate sobre el cambio de nombre de Macedonia
Katrougalos, ministro de Exteriores griego, se agarra la cabeza durante el debate sobre el cambio de nombre de Macedonia

redacción / la voz

La historia avala que el nombre con el que se denomine a un país no es una cuestión menor. Y en Grecia es un tema para tomárselo muy en serio, sobre todo si se tiene que ver con la Macedonia helénica. A cuento de ello, el Gobierno de Alexis Tsipras ya ha tenido que superar la marcha de sus socios de Gobierno, los nacionalistas Griegos Independientes (ANEL), y una moción de censura de estos, que logró superar, aunque ahora los conservadores de Nueva Democracia (ND), principal partido de la oposición, amagan con presentar otra.

¿Qué más da que la Antigua República Yugoslava de Macedonia pase a llamarse Macedonia del Norte? En Grecia sí, y mucho. Para responder a esta pregunta hay que remontarse al 17 de junio del 2018 cuando los Gobiernos de Atenas y Skopie firmaron a orillas del lago Prespa, en la frontera entre ambos países, un acuerdo para poner fin a una disputa que dura ya 27 años. De implementarse con éxito ese pacto, permitirá el inicio de las negociaciones de adhesión de Macedonia del Norte a la Unión Europea y a la OTAN, hasta ahora bloqueadas por el veto griego.

¿El motivo? El 8 de septiembre de 1991 Macedonia declaró su independencia de Yugoslavia para adoptar como nombre constitucional República de Macedonia. Sin embargo, la vecina Grecia interpretó -y gran parte del país sigue haciéndolo- que este nombre y la Constitución tenían disposiciones irredentistas. Para los griegos más nacionalistas, Macedonia solo puede referirse a la región septentrional de su país, cuya capital es Salónica, la segunda ciudad más habitada. Pero sobre todo, el antiguo reino de Macedonia, bajo el mandato de Filipo II y Alejandro Magno, es recordado con nostalgia por los griegos contemporáneos por ser uno de los períodos más brillantes de la historia helena.

En el 2018 los Gobiernos macedonio y griego intentaron acabar con la disputa sobre el nombre, que para unos es parte intrínseca de su identidad y para otros una amenaza latente, y se han enfrentado a duras negociaciones y oposiciones obstinadas.

Protestas callejeras

En las últimas semanas, las manifestaciones contra Tsipras y el pacto se han multiplicado. El pasado domingo tuvo lugar frente al Parlamento una multitudinaria (60.000 participantes según la policía, 600.000 según los organizadores), que contó con el apoyo de la todopoderosa Iglesia ortodoxa, para denunciar el acuerdo y a «los traidores que votaron a favor». En este clima, el pacto con Macedonia llegó ayer al Parlamento griego para un debate que finalizará hoy de madrugada con una votación si antes ND cumple su amenaza y presenta una moción de censura con más peso simbólico que real.

El Gobierno se encuentra muy debilitado y el líder de Syriza espera que este tema no sea la puntilla que ponga fin a su mandato, y poder aguantar hasta octubre, cuando están convocadas las nuevas elecciones. Los cálculos de Tsipras son los de revertir la situación y convencer a los griegos en los próximos meses de las bondades de un acuerdo.

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