May supera por solo 19 votos la moción de censura de planteada por Corbyn

El lunes presentará una iniciativa que podría incluir mantener una unión aduanera

I. Gurruchaga
LONDRES / E. LA VOZ, colpisa

Theresa May superó ayer por solo 19 votos la moción de censura contra su Gobierno planteada en el Parlamento por el líder de la oposición, el laborista Jeremy Corbyn. Por 325 frente a 306 votos, May obtuvo la confianza de la mayoría de la Cámara de los Comunes, un día después de la humillante derrota en la votación sobre el acuerdo del brexit al que llegó con la UE. El caos político es total a 72 días de la salida.

 Theresa May ha iniciado las conversaciones con unionistas norirlandeses para identificar modificaciones al Acuerdo de Salida de la Unión Europea. El lunes anunciará los detalles de su nueva iniciativa para ganar una segunda votación del acuerdo, en cuya declaración política podría introducirse un compromiso con mantener una unión aduanera.

Tras la humillación de la víspera, cuando encajó la mayor derrota parlamentaria de un Gobierno británico, May no será forzada a unas elecciones generales inmediatas. Corbyn ve su prioridad estratégica neutralizada, a pesar del apoyo de los independentistas escoceses, los liberal-demócratas y los nacionalistas galeses.

Corbyn argumentó que «por convención y precedentes, el Gobierno debería haber hecho lo correcto y dimitir». Pero, según el laborista, la ley de mandatos fijos de cinco años, que introdujo el Gobierno de coalición de conservadores y liberal-demócratas -permite la caída del Ejecutivo solo tras perder una moción de censura o el voto de dos tercios de la Cámara-, «es usada ahora para sostener un Gobierno zombi», cuyo «pacto Frankenstein está muerto». Un diputado independentista escocés, Pete Wishart, interrumpió al laborista para preguntarle si su partido propondría la permanencia o la salida de la UE en caso de forzar con su moción unas elecciones generales. «Somos un partido democrático y nuestro partido decidirá», respondió Corbyn entre aspavientos de la Cámara.

La ambigüedad laborista fue también subrayada por May -llegó a tachar a Corbyn de traicionar todo lo defendido por su partido-, pero para ella «convocar unas elecciones generales es lo peor que podríamos hacer».

May confirmó su obstinación en avanzar las líneas de su diálogo con el Parlamento, que anunció inmediatamente después de conocerse la derrota del martes. No será la búsqueda de un entendimiento con los demás partidos del arco parlamentario, al menos en su primera fase.

 Equilibros

May ha iniciado la conversación con el Partido Democrático Unionista (DUP), cuyos diez diputados la han sostenido hasta la emergencia en el acuerdo de la salvaguardia irlandesa que crea una diferente marco de regulaciones en Irlanda del Norte y que votaron contra la moción laborista. Se oponen a cualquier acuerdo que contemple la salvaguarda. Y tras sondear una vez más qué haría posible un voto unionista en favor de un acuerdo de salida modificado, la primera ministra quiere retomar conversaciones con diputados laboristas que, por representar a circunscripciones en las que el out ganó por amplia mayoría o por aceptar el brexit o por evitar una salida sin acuerdo, estarían dispuestos a unirse al Gobierno en una segunda votación.

 Medios británicos especulan sobre una aceptación por May en el curso del debate de la posibilidad de pedir a la UE la extensión del plazo de la negociación, pero simplemente afirmó que los socios europeos «solo extenderán el Artículo 50 si está claro que hay un plan para avanzar» hacia el acuerdo.

Unos 70 diputados laboristas exigen a su líder que respalde un segundo referendo 

Apodado como «un rebelde del brexit», el ex fiscal general británico Dominic Grieve está al frente de la campaña por un segundo referendo sobre la salida de la UE. En uno de los proyectos de ley que presentó, busca iniciar los preparativos para otra consulta, mientras que el otro busca llevar a cabo la votación. Grieve es un acérrimo defensor de la permanencia en la UE y uno de los muchos conservadores que rechazaron el acuerdo de May. Para que su iniciativa saliera adelante, sería necesario contar con suficiente apoyo tanto en la Cámara de los Comunes y de la de los Lores.

 Sin el respaldo del Partido Laborista es imposible que salga adelante. Hasta ahora, Corbyn se muestra reacio a liderar este frente. Según Sky News, un grupo de 71 diputados de los 256 que la formación tiene en el Parlamento pidió en una carta a Corbyn que lidere la llamada a favor de una nueva votación.

En el otro bando, los brexiter más duros están cansados de falsas promesas, no quieren ni oír hablar de más negociaciones con Bruselas y creen que la respuesta de la UE es una tomadura de pelo. Llegados a este punto, están dispuestos a salir sin ni acuerdo y empezar una ronda de contactos con otros socios internacionales.

No tienen en cuenta los riesgos para la economía o el empleo y se muestran convencidos de que a Londres le irá bien fuera del bloque comunitario. Pero, si no se puede llegar a un acuerdo, también significa que no habrá un período de transición de 21 meses como está previsto. La incertidumbre que traería esa vía no parece que pese sobre ellos.

La Unión Europea se mantiene en guardia

Salvador Arroyo Bruselas / colpisa

Expectante ante el próximo movimiento de Londres; en guardia ante el peor de los escenarios posibles; y dispuesta a parar el reloj para reconducir la situación. Todas estas señales se combinan en Bruselas desde la noche del martes, cuando el Parlamento británico tumbó los acuerdos del brexit que permitirían la salida ordenada del Reino Unido a partir del 29 de marzo. Y todas estas señales continúan latentes después de que Theresa May sobreviviera el miércoles a la moción de censura. Ahora se la espera aquí.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, «estará disponible» hoy y mañana en la capital belga para entrevistarse con la premier británica, reforzaba en una comparecencia desde la sede del Ejecutivo comunitario su portavoz jefe Margaritis Schinas. Disposición a hablar pero, insistió, no a renegociar el Acuerdo de Retirada de 585 páginas sobre el divorcio. El Consejo Europeo «dijo en diciembre que el Acuerdo de Retirada, y repito, el acuerdo de retirada, acordado por los 27 y el Reino Unido, no está abierto para una renegociación». Ese apostille de Schinas -el «repito, el acuerdo de retirada»- permitía interpretar que una de las herramientas susceptibles de incorporar cambios es la declaración política sobre el futuro vínculo que tendría la UE.

La lectura no es especulativa. Apenas unas horas antes, el negociador comunitario Michel Barnier, había deslizado en Estrasburgo esta posibilidad. La condicionó, eso sí, a un cambio de actitud en la otra parte, a que Londres abandone «sus líneas rojas, para ser más ambicioso e ir más allá de un simple acuerdo de libre comercio. La UE estaría lista para apoyar de inmediato esta evolución y responder favorablemente», agregó.

Angela Merkel se mostró ayer decepcionada por el resultado de la votación del martes y reclamó al Gobierno de May que defina lo pasos a seguir para la salida de la UE. «Queremos minimizar el daño al máximo. Por eso debemos seguir intentando encontrar una solución ordenada», dijo, si bien afirmó que Berlín está listo para que no se produzca una marcha consensuada. Para Emmanuel Macron, al Reino Unido le quedan tres opciones: renegociar su futura relación con la UE sin período de transición, mejorar el acuerdo con Europa para volver a pasarlo por los Comunes -algo que ve poco factible-, o que desde Londres intenten retrasar la marcha. «La presión está del lado de los británicos», subrayó.

Carmen Calvo pide a la oposición que España mantenga una posición única 

La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, reunió este miércoles en el Congreso a representantes de todos los grupos parlamentarios con los que acordó mantener abierta una línea de comunicación para trasladarles las decisiones que irá adoptando el Ejecutivo para el brexit.

La vicepresidenta pidió lealtad a todos los partidos para el proceso que se abre tras el bandazo británico para intentar trasladar una postura única de todas las fuerzas políticas españolas y evitar que las medidas de protección ante el divorcio se conviertan en una cuestión política.

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