Redacción

Los chalecos amarillos volvieron ayer a la carga en Francia para revivir las protestas que han puesto en aprietos al presidente Emmanuel Macron. Unos 50.000 manifestantes, lo que significa un repunte respecto a las 32.000 del 29 de diciembre, pero muy lejos de los 282.000 del 17 de noviembre, en el punto más alto de la protesta. La movilización por octavo sábado consecutivo en varias ciudades de Francia terminó en enfrentamientos en París. El presidente Emmanuel Macron denunció la «violencia extrema» para «atacar la República» y afirmó que la justicia actuará con sus responsables.

Los chalecos amarillos desfilaron en distintas ciudades francesas en relativa calma en lo que denominaron el VIII Acto, pero después del mediodía varias de estas manifestaciones derivaron en enfrentamientos con la policía, especialmente en París. Un gendarme resultó herido en uno de los choques que se produjeron en los puntos más emblemáticos para el turismo y el comercio, como la avenida de los Campos Elíseos, el bulevar Saint-German la alcaldía de París y la Asamblea Nacional. Y el portavoz del Gobierno, Benjamin Griveaux, tuvo que ser evacuado tras el ataque de un grupo al edificio donde se encuentra su despacho.

A orillas del Sena se registraron los primeros forcejeos con las fuerzas de seguridad. Los manifestantes lanzaron piedras y botellas a la policía que respondió con gases lacrimógenos. Uno de los restaurante en una barcaza fue incendiado, al igual que varios monopatines de alquiler y un coche en Saint-Germain. «Vamos a manifestarnos aquí cada sábado», decía a través de un megáfono, Sophie, una de las figuras del movimiento. Se escucharon gritos de «¡Macron dimisión!» y consignas contra la prensa, informa AFP. Fue cerca de los Campos Elíseos donde Eric Drouet, figura controvertida del movimiento, fue arrestado el miércoles, lo que generó indignación entre los chalecos amarillos.

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París, una ciudad fantasma Blindada frente a las protestas de los chalecos amarillos, museos, tiendas y restaurantes cierran sus puertas ante el miedo de sufrir ataques

Nueva estrategia

Este acto VIII de la movilización era una prueba para el movimiento de protesta, que lleva mes y medio desafiando al Gobierno, pero que en las últimas semanas ha perdido fuelle. Debilitado por esta protesta inédita, Macron anunció el 10 de diciembre una serie de medidas (como el aumento de 100 euros del salario mínimo) y prometió, en un discurso de fin de año, una vuelta al «orden republicano». Pero las voces críticas distan mucho de acallarse. «La ira se transformará en odio si usted continúa en su pedestal, usted y los que son como usted consideran al pueblo como mendigos, desdentados, gente que no es nada», advirtió el colectivo Francia en Cólera en una carta abierta a Macron.

El ministro del Interior, Christophe Castaner, instó a los prefectos a seguir evacuando, echando mano de la fuerza si es necesario, al «centenar de puntos de concentración» que continúa habiendo en las carreteras francesas.

Para tratar de esquivar a las fuerzas de seguridad, algunos «chalecos amarillos» parecen plantear una nueva estrategia basada en la discreción.

Así, «Francia en cólera» sugirió a sus simpatizantes que se quiten los chalecos fluorescentes el sábado para «presentarse en las calles (...) como meros ciudadanos que son».

Desde el inicio del movimiento, más de 1.500 personas resultaron heridas, 53 de ellas de gravedad, entre los manifestantes, y casi 1.100 entre las fuerzas de seguridad. Además, diez personas han muerto, sobre todo en accidentes al margen del bloqueo de carreteras.

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Saqueos y pillaje en Francia durante la revuelta de los chalecos amarillos La capital trata de recuperar la normalidad tras el paso de una guerrilla urbana que deja más de mil detenidos solo en París

Castaner, publicó en su cuenta de Twitter una foto en la que aparecía reunido en la sede de su departamento con los responsables de las fuerzas de seguridad para una vídeoconferencia con los prefectos (delegados del Gobierno) e hizo un llamamiento «a la responsabilidad y al respeto de la ley».

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Unos 50.000 chalecos amarillos intentan revivir la movilización contra Macron