Bolsonaro asume la presidencia de Brasil para borrar la «sumisión ideológica» del pasado

El ultraderechista pide un «pacto nacional» para instaurar su agenda basada en la seguridad y los valores religiosos

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Bolsonaro hace gala de su ultranacionalismo Anécdotas y símbolos en la toma de posesión del nuevo presidente de Brasil

Brasilia

Jair Bolsonaro prometió «preservar la independencia de Brasil» y «poner en valor la familia, la religión y la tradición judeo cristiana» del país en su toma de posesión como nuevo presidente del país más grande de Sudamérica. Bajo gritos de «¡Mito, mito!» y «O capitão chegou!», el ultraderechista cumplió con los ritos de una ceremonia pomposa y repitió en sus discursos los mensajes que le elevaron por encima de toda previsión cuando entró en la Cámara de Diputados por primera vez hace 30 años: mano dura contra la criminalidad, la corrupción y borrar todo rastro de ideología de tres mandatos y medio del Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil.

Con una puntualidad poco habitual en el país, el nuevo presidente de Brasil salió a las 14.45 horas de Brasília de la espectacular catedral diseñada por el comunista Oscar Niemeyer para subirse en el Rolls Royce presidencial y cumplir con el reguero de ritos que acompañan a la toma de posesión de todo nuevo mandatario del gigante sudamericano. A su lado, la primera dama Michelle y uno de sus hijos, algo muy sorprendente en el protocolo de la cita. El vehículo, escoltado por personal de seguridad a pie y por la caballería de los Dragões da Independência, recorrió apenas 1,5 kilómetros antes de llegar al Congreso, donde firmó como 38.º presidente de la república y pronunció el primero de sus discursos del día.

Bolsonaro hizo hincapié en los grandes éxitos de su campaña electoral y aunque pidió un «pacto nacional» a parlamentarios, senadores y justicia, omitió la reforma de las pensiones, la llamada a ser gran operación de su legislatura y con cierta urgencia. En cambio, el ultraderechista abundó en su intención de «liberar a Brasil del yugo de la corrupción, de la criminalidad y de la sumisión ideológica». Tras prometer que construirá un país sin discriminación de ningún tipo, Bolsonaro incidió en la educación, pero como valor para formar «mano de obra para el mercado laboral y no militantes políticos». Desde sistemas de sonido y pantallas gigantes, el público que seguía toda la ceremonia desde la Explanada de los Ministerios de Brasília y la Plaza de los Tres Poderes aplaudieron más que nunca cuando Bolsonaro aseguró que «los policías merecen y deben ser respetados», que lucharía contra «la ideología de género» y que insta a la Cámara a que respete el referéndum del 2005 sobre el derecho al porte de armas.

Quizás por las extremas medidas de seguridad (hasta cuatro controles para acceder a distintas zonas habilitadas para el público, donde se requisaban desde botellas de agua hasta manzanas), quizás por la amenaza de lluvia, la concentración de cientos de miles de personas pareció algo menor que en tomas de posesión anteriores. Vestidos con la camiseta de la selección brasileña (uniforme de las movilizaciones de la derecha en los últimos años), algunos ataviados con banderas de Israel y de Estados Unidos, ciudadanos de todo Brasil acudieron para seguir el acto, una tradición de año nuevo en el país.

Con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, el de Hungría Viktor Urban y el secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo como líderes internacionales más destacados observando, Bolsonaro también dio «gracias a Dios» por seguir con vida y «obrar el milagro» tras el atentado que sufrió en plena campaña electoral, y que, por primera vez, atribuyó a «enemigos de la patria». «Intentaron poner fin a mi vida, pero eso generó un movimiento espontáneo verdeamarelo», discursó ante la Cámara. A su lado, su vicepresidente, el general Hamilton Mourão, sorprendió a la platea con un juramento lleno de entusiasmo que levantó los aplausos del público en el exterior.

Tras escuchar 21 salvas de cañón, Bolsonaro se dirigió al lujoso y modernista Palácio do Planalto, la sede del gobierno brasileño, donde el presidente saliente Michel Temer pasó la franja presidencial a un emocionado Bolsonaro, que en ningún momento dejó de hacer el gesto marca de la casa, simulando pistolas con sus dedos índice y pulgar. 

Desde el púlpito que domina la monumental Plaza de los Tres Poderes, y tras un discurso de su esposa en lengua de signos, el nuevo mandatario celebró el fin del socialismo y de «las ideologías nefastas» que dividen el país y «amenaza a nuestros niños». 

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