Ni contigo ni sin ti: la paradójica relación de los alemanes con los inmigrantes

El Gobierno ofrece primas para que regresen a sus países, pero a la vez necesita cubrir 1,2 millones de empleos

Un policía alemán con refugiados sirios en Múnich, en la crisis migratoria del 2015
Un policía alemán con refugiados sirios en Múnich, en la crisis migratoria del 2015

Berlín / CORRESPONSAL

«¿Cuándo vuelves a España?». Una pregunta que todo inmigrante español ha tenido que responder al menos una vez a lo largo de su experiencia en Alemania, y que demuestra la creciente reticencia de los ciudadanos de la primera potencia europea ante la llegada de extranjeros. Un rechazo que sin duda es mucho mayor en el caso de los refugiados, a los que desde mediados de septiembre el Gobierno de Angela Merkel invita a marcharse a cambio de jugosas subvenciones.

«Si te inscribes hasta el 31 de diciembre del 2018 recibirás doce meses adicionales de ayuda para gastos de vivienda en tu país de origen». Así rezan los enormes carteles escritos en siete idiomas que el Ministerio del Interior ha colocado por toda la red de metro de Berlín. La campaña publicitaria, que apela directamente con banderas a los inmigrantes procedentes de Rusia, además de varias naciones árabes y africanas, ha despertado la indignación de muchos transeúntes.

Sin embargo, no es ninguna novedad. Ya en los años 70 Alemania puso en marcha un programa similar bautizado como Starthilfe Plus, por el cual todo aquél que deseaba volver recibía asesoramiento legal gratuito además de 1.200 euros. Hoy esa suma ha aumentado hasta los 2.200 euros y está destinada a pagar el alquiler o construirse una nueva vivienda, asegura el titular de Interior, Horst Seehofer.

La campaña «Tu país, tu futuro, ¡ahora!» pretende incentivar solo a aquellos extranjeros cuya solicitud de asilo ha sido rechazada, pese a que no aparece así explícitamente en los carteles, y a la vista de que la cifra de regresos voluntarios va en detrimento. Los 29.000 refugiados que abandonaron Alemania por su propio pie en el 2017 han pasado a ser 14.000 este año.

Aumentan las expulsiones

La alternativa siguen siendo las deportaciones forzosas, contra las que luchan las oenegés y muchos partidos de la oposición. El Ejecutivo de la gran coalición no deja de aumentar la lista de países a los que considera seguros, con el fin de enviar de vuelta a casa a sus nacionales. El último de ellos podría ser Irak, donde tras una visita oficial, el ministro alemán de Exteriores sostiene que la situación de seguridad ha mejorado.

«Aunque queda mucho por hacer, se puede decir que hay una base para que la gente pueda vivir aquí en el futuro y regresar a este país», subrayó Heiko Maas, con la mirada puesta en los 245.000 demandantes de asilo iraquíes que hay actualmente registrados en Alemania, la tercera nacionalidad por detrás de sirios y afganos.

No es de extrañar, por tanto, que hubiera rumores de que el Gobierno se estaba planteando incluso la expulsión de inmigrantes que hayan cometido delitos a Siria. Rumores que Seehofer se vio obligado a desmentir, después de la avalancha de críticas por parte de la ciudadanía, la política y, sobre todo, la economía.

Falta mano de obra

Las empresas alemanas están preocupadas porque ahora mismo hay 1,2 millones de puestos sin cubrir debido al envejecimiento de la población. Una tendencia demográfica que empeorará en la próxima década, cuando se jubile la generación conocida como del baby boom. Por ello, el Consejo de ministros acaba de aprobar dos proyectos de ley para eliminar trabas a la integración de inmigrantes no procedentes de la Unión Europea en el mercado laboral germano.

Se abrirá la frontera a aquellos que tengan conocimientos del idioma y una formación profesional o universitaria. Además, todos los refugiados a los que se les denegó el derecho de asilo y han trabajado al menos 18 meses en Alemania sin haber delinquido recibirán un permiso temporal de empleo que, después de 30 meses, podría convertirse en definitivo. Una medida que afecta a unas 180.000 personas.

Se integran deprisa

«Del más de un millón de inmigrantes que han llegado a Alemania desde el 2015, casi 400.000 tienen hoy un trabajo o se están formando», señala el presidente de la Asociación de Patronales (BDA), Ingo Kramer, para quien la integración avanza mucho mejor de lo que se esperaba en un principio.

A su juicio, la mayoría de los jóvenes aprenden el idioma rápido y, en cuestión de un año, son capaces de seguir el ritmo en las escuelas de formación profesional. El jefe de la BDI advierte que, sin mano de obra extranjera, la economía germana corre el riesgo de contraerse como ocurrió en la década de los 90. «El tiempo le ha dado la razón a la canciller Merkel, cuando dijo su famosa frase de ‘Lo lograremos’ al estallar la crisis de refugiados», opina Kramer.

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