May solo busca dejar pasar el tiempo

Los parlamentarios critican a la primera ministra por retrasar a la tercera semana de enero la votación en el Parlamento sobre su acuerdo del «brexit» con Bruselas


Londres / Colpisa

Simpatizantes conservadores de Theresa May la animan a que «mantenga la calma y siga adelante», mientras es sometida al bombardeo desde sus propios escaños y desde los bancos de la oposición por su decisión de que el Parlamento trate esta semana otras cosas que no sean el brexit, se marche de vacaciones y vote en la tercera semana de enero el acuerdo de salida pactado el 25 de noviembre.

Los portavoces del laborista Jeremy Corbyn habían adelantado que el líder de la oposición propondría un voto de censura a la primera ministra en la Cámara de los Comunes si ella no se comprometía a someter el acuerdo a consideración esta misma semana. May aplazó la votación prevista para el pasado martes cuando comprobó que iba a perderla, causando indignación en el Parlamento.

Corbyn se echó atrás en su amenaza de una moción de censura a la «premier» El cálculo de Corbyn era que, por posponer de nuevo el voto sobre el acuerdo, la jefa de Gobierno perdería el apoyo de los brexiters y quizás de los unionistas norirlandeses. Si eso ocurría, un voto de censura podría ganar una mayoría. Y May tendría que sentirse desautorizada para seguir gobernando. Es un cuento de la lechera en el que Corbyn ha tropezado cada día y ayer también. Tras recibir por adelantado, como es costumbre parlamentaria, el texto de la declaración que la primera ministra iba a leer sobre el Consejo Europeo del fin de semana, los laboristas renunciaron de nuevo al voto de censura. Hicieron bien, porque brexiters que intentaron desbancar a Theresa May la pasada semana le expresaron su aceptación de la derrota y su apoyo, al menos contra la oposición.

Desarmado Corbyn, la ira contra May se desplegó igualmente. La exministra conservadora de Transportes y de Educación, Justine Greening, la acusó de «criticar sin sentido a diputados que proponen otras soluciones, sea un segundo referendo o acuerdos similares a los de Noruega o Canadá» y de «no permitir el debate» a pesar de que «se sabe desde el verano que su acuerdo no va a tener éxito».

«Por su interés personal»

La laborista Yvette Cooper mantiene una larga batalla con May, porque han coincidido en sus carteras en el Gobierno o la oposición. Enumeró las líneas rojas que la líder tory ha establecido sucesivamente en la negociación con la UE y en su interpretación del resultado del referendo y pronosticó que, «si sigue así, será ella quien nos arroje al abismo de la marcha sin acuerdo».

Liz Kendall, prominente laborista simpatizante de Tony Blair, reprochó hipocresía a May: «Déjeme, primera ministra, que le diga que es irresponsable. Retrasar el voto del acuerdo, no porque vaya a lograr cambios sino para que corra el reloj, y así intimidar a los diputados para que la apoyen a fin de evitar la salida sin acuerdo. No actúa por el interés nacional sino por su interés personal».

Pero Theresa May insiste en que puede lograr cambios. Alega que los socios europeos respondieron en la declaración del Consejo a las reservas del Parlamento británico -más bien reiteraron ideas ya contenidas en el acuerdo de salida-, y que el presidente francés, Emmanuel Macron, ofreció «aclaraciones tranquilizadoras» sobre el carácter temporal del mecanismo irlandés que irrita en Londres.

Sir Edward Leigh, un veterano diputado tory por una comarca brexiter en Lincolnshire, tranquilizó a May. Le recomendó: «Keep calm and carry on». El mensaje popularizado en camisetas en medio mundo tiene su origen en los preparativos británicos ante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. La analogía es desangelada y Leigh prometió apoyar a May si logra cambios con fuerza legal, que es más que lo que promete Macron.

Las opciones: salida, referendo, ruptura o elecciones

La inquilina del número 10 de Downing Street no quiere oír ni hablar de un segundo referendo sobre el brexit. Ni tampoco el principal partido de la oposición, con el laborista Jeremy Corbin al frente, baraja esa opción, a menos a corto plazo. Lo cierto es que el acuerdo de salida de la UE transita por un tormentoso proceso que podría culminar con la votación final en el Parlamento británico la semana del 14 de enero próximo. Los escenarios que se abren a partir de esa fecha son diversos, sobre todo si se produce un rechazo.

Acuerdo

Ratificación del Parlamento. El Reino Unido entraría en un período de transición hasta el 2020, prorrogable dos años más. La red de seguridad para evitar una frontera dura en la isla de Irlanda, de manera que Irlanda del Norte siga las reglas del mercado la UE, es rechazada por los partidarios de la salida porque temen que mantenga al país atrapado a las directrices europeas. 

Alternativas

Modelo noruego. La propia Theresa May ha trazado alternativas ante el temor de que la Cámara Baja tire por tierra su plan con Bruselas. Se dibujan opciones como el modelo noruego, de acceso al mercado único sin ser miembro de la unión, un brexit sin acuerdo (duro), o un segunda consulta a los británicos.

Rechazo

Ruptura abrupta o nuevo referendo. Si, como parece, el Parlamento rechaza el acuerdo firmado por May y la UE la mejor manera de interpretar este episodio sería el del caos. Crisis económica, desempleo, inflación, desplome de la libra, hasta una caída del PIB de un 10 %. La idea de una segunda consulta es una opción que la clase política británica rechaza, pero gana posiciones a medida que se refuerza la idea de que el acuerdo no saldrá de la Cámara de los Comunes.

Elecciones generales

Retrasaría el «brexit». Las divisiones internas en el partido de May son evidentes, pero la oposición no tiene asegurada la moción de censura necesaria para convocar nuevas elecciones. Implicaría retrasar la salida del bloque europeo, abrir nuevas negociaciones o permanecer en la Unión Europea.

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