La confesión de Butina desvela a Putin

La agente obedecía órdenes directas de Alexander Torshin, próximo al Kremlin


Moscú / Colpisa

Maria Butina, una candorosa estudiante rusa de 30 años que luce una llamativa melena pelirroja y dice ser amante de las armas, se reconoció el pasado jueves culpable de «conspiración» y de haber actuado ilegalmente como «agente al servicio de un gobierno extranjero», los dos delitos presentados contra ella por la Justicia de EE. UU. Butina aceptó además cooperar con los investigadores. La joven fue detenida el 15 de julio, justo un día antes de la cumbre que mantuvieron en Helsinki los presidentes Trump y Putin. Moscú denunció entonces que su arresto fue un intento de «devaluar» el encuentro.

Lo que pueda contar Butina preocupa y mucho en el Kremlin, con cuyos responsables, según creen en Washington, mantiene una estrecha vinculación. El ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, dijo esta semana que Butina no cometió ningún delito en EE. UU. y que su declaración se ha hecho bajo presión. El viernes, el portavoz de la presidencia, Dmitri Peskov, insistió en que las acusaciones «carecen de fundamento». Putin, por su parte, negó que sea una agente rusa. «Pregunté a los jefes de nuestros servicios de inteligencia quién es y nadie sabe nada de ella», pretextó.

Su confesión es parte de un acuerdo con la fiscalía de EE. UU. para evitar una abultada pena de cárcel. De esta forma, la presunta espía podría enfrentarse solo a unos pocos años de reclusión, siendo así la primera rusa condenada por la injerencia de Moscú en los comicios de 2016, o incluso ser puesta en libertad con una multa. Aunque, en tal caso, lo lógico es que fuera deportada, nadie excluye que se le permitiera quedarse en EE. UU. por motivos de seguridad, para evitar represalias de las personas que en Rusia quedarían desenmascaradas con sus revelaciones. El Departamento de Justicia señaló ya en julio que el objetivo de Butina consistía en tejer una red de contactos dentro del Partido Republicano a través de la Asociación Nacional del Rifle, para influir en la política exterior de la Casa Blanca en favor de Rusia.

Por eso, la supuesta agente se presentaba como una amante de la armas y activista de una oenegé, Derecho a las armas, partidaria de que en Rusia puedan adquirirse con la misma facilidad que en EE. UU. Al parecer, consiguió llegar a personas del entorno de Trump. Este plan de acción, según los fiscales, lo puso en práctica a partir de marzo de 2015 contando con la colaboración de su novio, Paul Erickson, republicano y miembro de la asociación del rifle.

La foto de TASS

En las fotos que ella publicó en redes sociales aparece empuñando fusiles de asalto y acompañada de dirigentes republicanos como el gobernador de Wisconsin, Scott Walker. En el sumario figura también que tenía un pase VIP para eventos de la asociación del rifle. Su estancia en EE. UU. estaba justificada con un visado de estudiante en la American University de Washington. Habla perfectamente el inglés.

Butina obedecía órdenes directas de una persona que la prensa rusa identifica como Alexander Torshin, antiguo senador y actual vicepresidente del Banco Central de Rusia, muy próximo a Putin. En mayo de 2016, durante la campaña de las presidenciales, Torshin mantuvo una reunión con el hijo de Trump. Justo un año después, ya en la Casa Blanca, el nuevo presidente recibió en el despacho oval al ministro Lavrov, en cuyo séquito estaba Torshin. En una instantánea de la agencia TASS publicada entonces de ese encuentro, detrás de él se ve a una pelirroja que parece ser Butina, o alguien que se le parece. El mentor de la estudiante estuvo bajo vigilancia de la Fiscalía Anticorrupción española y de la Guardia Civil como presunto miembro de la organización criminal rusa denominada Tagánskaya que blanqueaba dinero en España y estaba dirigida por Alexánder Románov, condenado a cuatro años de cárcel. Torshin, que niega tales lazos, estuvo cerca de ser detenido en Palma de Mallorca en agosto de 2013, pero un chivatazo lo alertó y no cayó en la trampa de la Guardia Civil.

Sexo, armas y Google Translate: así actuaba la agente rusa detenida en EE.UU.

Caroline conejero

Maria Butina accedió al presidente en Las Vegas en el 2015, cuando era todavía un candidato

El arresto el pasado fin de semana de una mujer rusa, imputada por operar como agente secreto del Kremlin, ha abierto en EE.UU. un nuevo escándalo que rodea a Donald Trump. María Butina, nombre con el que se ha identificado a la mujer, de 29 años, contactó por primera vez con el presidente en una convención en Las Vegas en el 2015, cuando el entonces candidato acababa de anunciar su campaña. Butina atrajo la atención del republicano, a quien le preguntó qué planeaba hacer con las relaciones entre Washington y Moscú. Se había abierto paso en el encuentro con la excusa de que quería saber más para divulgar la información en su país.

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