La revuelta de los chalecos amarillos se desinfla en su quinto sábado de lucha

Las concesiones realizadas por Macron, el atentado yihadista de Estrasburgo y las disensiones internas rebajan a la mitad la movilización ciudadana en Francia


parís / colpisa

La movilización de los chalecos amarillos en Francia registró ayer un fuerte descenso a la mitad de participantes en su quinto sábado consecutivo de protestas a nivel nacional, aunque se registraron enfrentamientos con las fuerzas del orden en París, Nantes, Burdeos, Toulouse, Lyon, Saint-Etienne, Aviñón, Besançon y otros lugares. Las concesiones fiscales y económicas del Gobierno de Emmanuel Macron, el atentado mortal de Estrasburgo, el descenso del apoyo popular y las disensiones internas surgidas en el movimiento son factores que contribuyeron a desinflar la revuelta, mantenida por los sectores más radicales, decididos e intransigentes.

Según el Ministerio del Interior, el número de participantes en todo el país fue de 66.000 a las seis de la tarde, lejos de los 126.000 manifestantes contabilizados a la misma hora el sábado precedente. En París, donde la semana anterior se habían manifestado 10.000 chalecos amarillos, la cifra esta vez fue inferior a 3.000, en significativo contraste con los 8.000 efectivos movilizados por los cuerpos de seguridad. A nivel nacional los agentes desplegados fueron 69.000, casi igual que el número global de manifestantes.

A lo largo del Acto V de la más grave crisis social desde la llegada al poder de Macron se produjeron escaramuzas esporádicas en la avenida de los Campos Elíseos y en otras calles y plazas céntricas de la capital con lanzamientos de proyectiles a las unidades antidisturbios que respondieron con gases lacrimógenos, cañones de agua a presión y pelotas de goma. A las seis de la tarde 168 personas habían sido detenidas en París, cantidad sustancialmente más baja que durante el Acto IV, cuando a esas alturas se practicaron 920 arrestos en un día que terminó con un total de 1.723.

En la plaza de la Ópera portavoces del movimiento leyeron por la mañana una tabla reivindicativa que reclama medidas a favor del poder adquisitivo, la reducción de los impuestos sobre los productos de primera necesidad y la instauración de un referendo de iniciativa ciudadana para plantear reformas constitucionales, proponer nuevas leyes o pedir la supresión de otras. «Exijamos el derecho de votar nosotros mismos nuestras leyes para que sean más justas y estén basadas en la voluntad del pueblo», se esgrime. El texto, que también exige rebajar las pensiones y los emolumentos de los cargos políticos, fue enviado el viernes al primer ministro, Edouard Philippe. 

Estampa insólita

Cinco mujeres ataviadas como Marianne, figura icónica de la República Francesa, compusieron una estampa insólita en los Campos Elíseos. Permanecieron de pie en silencio frente a una decena de gendarmes con el cuerpo recubierto de pintura plateada y los pechos al desnudo. En París, Burdeos, Marsella y otras ciudades los manifestantes guardaron minutos de silencio por las víctimas del atentado de Estrasburgo y los muertos ocasionados accidentalmente por la revuelta. Un conductor fallecido el viernes al colisionar con un camión parado en un piquete cercano a la frontera franco-belga y una mujer muerta el mismo día en otro accidente en Soissons (Aisne) elevó a ocho las víctimas mortales indirectas registradas desde el inicio de las protestas. Hasta ayer se habían producido además 1.052 heridos entre los manifestantes y 245 en las filas de las fuerzas del orden así como 3.326 arrestos.

Macron, cuya dimisión fue de nuevo el objetivo del clamor popular, afirmó el viernes que había escuchado «de forma sincera» el malestar expresado en las calles al que dijo haber aportado respuestas a corto plazo y «a través de la organización de un diálogo y de una mayor vitalidad de nuestra democracia».

Los que piden calma, los irreductibles y los desmoralizados

Como no podía ser de otro modo, la subida de cien euros mensuales del salario mínimo o la anulación de un impuesto para las pensiones más modestas fueron recibidas de forma diversa por los chalecos amarillos, algunos de cuyos miembros empiezan a pedir calma temiendo que se esté llevando las protestas demasiado lejos. No son pocos, en concreto los que decidieron desvincularse del llamado canal histórico, al que juzgan demasiado radical, y pidieron una «tregua» porque «ha llegado la hora del diálogo». «Quizá el movimiento pierda fuerza en las calles, pero no perderá fuerza en nuestras cabezas» aseguró ayer Lorenzo Gennaro, de 34 años, integrante de los 150 chalecos amarillos congregados, sin incidentes, en Grenoble. Esta línea, por así llamarla moderada o dialogante, no es compartida sin embargo por todos. En París, en la plaza de la Ópera, una de las figuras del movimiento, Priscillia Ludosky, afirmaba: «¡Estamos llenos de rabia!». Otro manifestante pedía que la «soberanía» fuera «devuelta» al pueblo con el establecimiento de referendos de iniciativa ciudadana. Entre unos y otros, empiezan a aparecer también los primeros derrotistas. «Es un poco un fracaso, porque el Estado nos impide manifestar adecuadamente», declaró a la AFP Marie, una empleada a domicilio de 35 años, que atribuye a la represión el descenso. «Estamos algo desmoralizados, pero el movimiento no acabará aquí», aseguró Francis Nicolas, de 49 años, en la ciudad de Lyon.

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