La corrosión del eje franco-alemán sume en la parálisis a la UE

El «brexit», la batalla entre el norte y el sur, o los comicios europeos conducen a aplazar reformas necesarias


bruselas / corresponsal

Venía a «refundar Europa», pero hoy se le quema París. La popularidad del presidente francés, Emmanuel Macron, se hunde en mínimos históricos solo un año y medio después de acceder al Elíseo. Sus planes para reformar la ingobernable Francia han chocado con un muro de furia y resistencia social abanderado por los chalecos amarillos. Los problemas domésticos a los que se enfrenta el liberal preocupan y mucho a Bruselas. Si Macron cae, Berlín abandonará su compromiso de avanzar hacia una unión fiscal.

El eje francoalemán está en horas bajas, no solo por la debilidad del francés y el ocaso de la canciller, Angela Merkel. Su hoja de ruta para fortalecer la zona euro y la política migratoria de la UE están hechas jirones, víctimas de la omnipresencia del brexit y los zarpazos de algunas capitales interesadas en reducir el proyecto europeo a un mero bazar. «Si no avanzamos, estaremos decidiendo el desmantelamiento de la eurozona», advertía Macron en el 2017.

Los líderes europeos han hecho caso omiso a su llamada de alerta. Los peores presagios se vieron este viernes, durante la cumbre en Bruselas. El Consejo Europeo retiró la respiración asistida a las propuestas de su plan estrella. Con el proyecto de un tesoro común ya difunto, la UE también dio portazo a la garantía de depósitos europea (EDIS), hasta nuevo aviso. «No renunciamos a la idea ni a la voluntad», trató de salvar Macron. El presidente español, Pedro Sánchez, cerró filas con París. Quiere reflotar el plan.

Tampoco habrá un presupuesto anticrisis genuino para la eurozona. Los Veintisiete han reducido su arquitectura a un fondo para promocionar reformas estructurales en los países del euro. «Estamos convencidos de que la zona euro necesita un instrumento de estabilización para períodos de crisis», insistió Sánchez, quien ha tenido que ver cómo se desvanecía su idea de utilizar parte del fondo para crear un subsidio de desempleo europeo.

Berlín avaló el plan fiscal de Macron sobre el papel, pero lo ha abandonado a la deriva en vista del rechazo feroz de la Nueva Liga Hanseática liderada por Holanda en la que militan países como Dinamarca, Suecia, Irlanda o Finlandia. La hostilidad de sus gobiernos a cualquier avance en la integración ha puesto de uñas a los países del sur. «Son más talibanes que los talibanes», se quejó una fuente diplomática. «Dicen que por encima de sus cadáveres», subrayó.

La situación se repite con la política migratoria. El mecanismo de cuotas de reubicación obligatorias ya es historia. Bruselas ha renunciado ante la presión de Austria, Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia, entre otros. La solidaridad para ayudar a aliviar la presión de los flujos a los países del Mediterráneo será «voluntaria». Pero ni por esas se ha podido desbloquear la reforma de la política común de asilo.

Otros dosieres como el impuesto a las transacciones financieras o la tasa digital se van marchitando poco a poco tras la cortina del brexit, el fin de legislatura y la batalla entre y el norte y el sur que está sacudiendo a la Unión. La paralización se prolongará hasta las europeas. Muestra de ello es que la UE no cerrará sus presupuestos plurianuales (2021-2027) hasta octubre del año que viene.

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