Evo Morales quiere seguir de presidente de Bolivia porque se considera un Messi de la política

Ya ni le apoyan las comunidades indígenas que le llevaron a la presidencia de su país hace 12 años pero el exsindicalista cocalero será proclamado oficialmente este martes como candidato la reelección por cuarta vez consecutiva, porque se considera irremplazable.


A CORUÑA

De las 21 demandas de inhabilitación presentadas por diversos grupos de la oposición contra su inscripción como candidato a las elecciones previstas para el próximo 27 de enero, la mayoría oficialista del Tribunal Supremo Electoral, de entrada rechazó 20 y la única admitida, el pasado viernes, fue declarada «inaprobada», con lo que este martes será proclamada oficialmente su candidatura en un acto a celebrar en Cochabamba, que será el inicio formal de la campaña electoral para las presidenciales, previas a las generales que se celebrarán en octubre.

Mientras tanto sigue creciendo a lo largo y ancho del país las huelgas de hambre de los denominados comités cívicos, que comenzaron el pasado jueves  en la plaza central de Santa Cruz, por iniciativa del líder cívico Fernando Cuéllar.

A las protestas de los comités cívicos a las que el oficialismo, recurriendo a la jerga bolivariana, denomina guarimbas, Evo responde que no concurrir a las próximas elecciones en su país sería como si Lionel Messi y Cristiano Ronaldo no pudieran jugar en sus selecciones nacionales.

Bolivia, al igual que otros países de la región, para curarse en salud frente a las dictaduras castrenses, en la década de los noventa, prohibió las reelecciones presidenciales consecutivas después de un segundo mandato, pero los salvapatrias populistas que ocuparon los tronos presidenciales y las incluyeron en sus respectivas reformas constitucionales, no tardaron en dejarse seducir por los encantos del ejercicio del poder. Así, los tres últimos decenios, reformaron sus constituciones Brasil, en 1988; Colombia, en 1991; Paraguay, en 1992; Perú, en 1993; Bolivia, en 1994, 2004 y 2009; Argentina, en 1995; Ecuador, en 1998, 2008, 2011 y 2017; Venezuela, en 1999 y 2009; Chile, en 2005.

Morales no quiso ser menos y, una vez agotadas otras tretas que le permitieron seguir en la silla presidencial desde el 2006, hace dos años convocó un referendo para legitimar su reelección indefinida. Lo perdió, pero al año siguiente «su» Tribunal Constitucional anuló las limitaciones establecidas por la voluntad popular y, como premio, la mitad de los magistrados que lo formaban ocupan hoy cargos de confianza en la Administración. Una vez más, la manipulación de los controles institucionales, el personalismo mesiánico y el paternalismo de Estado lucen como señas de identidad de las autocracias.

El exsindicalista cocalero, de ascendencia aymara  parece haberse olvidado de que en las comunidades indígenas, desde hace generaciones, sus líderes sólo pueden ser reelegidos una vez. «Él se comprometió a defender los valores de los pueblos nativos desde el palacio presidencial», le recuerda Nelo Yarari, líder de Carmen del Emero, una comunidad de indígenas tacanas de la Amazonía boliviana, en unas declaraciones realizadas a Nicholas Casey, publicadas la semana pasada en www.nytimes.com, en las que también la recuerda que «aquí ya no le consideramos indígena porque nos ha dado la espalda».

Morales resultó electo por primera vez en 2005 con un amplio apoyo de la mayoría indígena del país -el 58 % de sus habitantes- y reorientó las políticas del país de una forma nunca antes vista. Convocó la elaboración de una nueva constitución, prometió revertir siglos de racismo y rehusó utilizar trajes de estilo occidental, sustituyendolos por vestimenta con diseños indígenas, pero últimamente también en esto han cambiado sus gustos.

Las comunidades indígenas consideran que a Evo ya hace tiempo que le mueven más sus ambiciones políticas que los intereses de los que le llevaron a la presidencia del país hace 12 años. Según relata Nicholas Casey en su reportaje, el pueblo pesquero de los urus, asentado en el altiplano boliviano, vio desaparecer su lago y con él su forma de vida durante el mandato de Morales, debido a los efectos del cambio climático y a que el gobierno decidió desviar agua para subsidiar a grandes granjas.

Los tacanas se han opuesto desde hace años a Morales, porque desempolvó ciertos planes de un gobierno anterior de construir una presa hidroeléctrica cerca del Parque Nacional Madidi, un área en la que viven muchos miembros de ese grupo para exportar energía a Brasil..

Relata asimismo que incluso algunos productores indígenas de coca lo han abandonado. En octubre, un sindicato de cocaleros de la región Yungas expresó su respaldo al expresidente Carlos Mesa ?el principal rival de Morales en la contienda? tras el arresto de uno de los líderes sindicales, a quien se acusó de haber planeado una emboscada en la que murió un soldado. El grupo afirmó que Morales intentaba acabar con el sindicato mediante acusaciones falsas en contra de su líder.

Evo Morales se subió al carro bolivariano de la mano del difunto comandante Chávez y aunque sigue en él mientras Maduro lo conduce al precipicio. Ha demostrado ser un gestor más hábil que el actual inquilino del palacio presidencial de Miraflores. El Banco Mundial reconoce que la pobreza se redujo en Bolivia del 59,9% en 2006, al 36,4% en 2017, y se amplió el acceso de las comunidades indígenas a la electricidad y agua. «Los logros, por muy admirables que sean, no son patente de corso para la perpetuación en el poder», apuntaba Juan Jesús Aznarez en su columna de la semana pasada de El País.

Salvo que los bolivianos le vuelvan a decir que no, como ya lo han hecho en el referendo de hace dos años,  o que la biología le juegue una mala pasada como su admirado comandante galáctico, Evo disfrutará al menos hasta el 2025 del fastuoso palacio presidencial de 28 plantas que se hizo construir en el centro de La Paz y al que destinó nada menos que 33 millones de de dólares y al que le hace llamar la Casa Grande del Pueblo.

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