Las promesas de Macron no logran desmovilizar a los chalecos amarillos

La UE alerta de que se desborda el déficit, pero los manifestantes siguen en las calles


parís colpisa / agencia

Emmanuel Macron no ha logrado desmovilizar a los chalecos amarillos más radicales con sus medidas a favor del poder adquisitivo de los pensionistas y trabajadores más modestos a costa de disparar el déficit público por encima de los topes fijados por Bruselas. Pero el presidente francés ha comenzado a ganar la batalla de la opinión pública, que cada vez se muestra más hostil a la continuación de la revuelta iniciada el pasado 17 de noviembre que ya ha causado cinco muertos y 1.407 heridos, 46 de ellos graves, según cifras oficiales.

Más de 23 millones de telespectadores siguieron en directo los anuncios del «presidente de los ricos» para aplacar la ira de las clases medias y populares empobrecidas, síntoma de la ansiedad de la sociedad. Fueron incluso más que los 20,9 millones que el pasado 15 de julio contemplaron la proclamación de la selección francesa como campeona mundial de fútbol. Nunca una alocución presidencial había tenido tanto tirón, ni siquiera la del socialista François Hollande tras el atentado yihadista en la revista Charlie Hebdo en el 2015.

Los aumentos del salario mínimo y de las pensiones más bajas, entre otros gestos apaciguadores, no han bastado para disuadir a los chalecos amarillos más motivados, que ayer mantenían 45 piquetes en el territorio francés con 1.932 personas frente a las 3.151 movilizadas el martes anterior. En tanto se multiplican las convocatorias a un quinto sábado consecutivo de lucha, la corriente moderada de la protesta llamó a una tregua. «Hay que salir de esta crisis pues no podemos pasarnos el resto de la vida en las rotondas», declaró Jacline Mouraud, portavoz del subgrupo de los chalecos amarillos libres.

Vigilancia de la UE

El chaleco salvavidas de Macron, como lo llama el diario Libération, para socorrer a los chalecos amarillos costará alrededor de 10.000 millones de euros a las arcas del Estado. Sumado a la previsible desaceleración del crecimiento, este desembolso supondrá que el déficit público rozará en el 2019 el 3,5 %. Es más que la previsión gubernamental del 2,8 % y que el 3 % impuesto como techo por Bruselas. La Comisión Europea «seguirá con atención el impacto de los anuncios», declaró ayer el comisario de Asuntos Económicos, el francés Pierre Moscovici. Bruselas se ha dado de plazo hasta mayo para analizar el presupuesto final de París.

Las primeras encuestas tras el discurso coinciden en que decrece el apoyo popular a la revuelta, que pasa del 75 al 66%. Son los simpatizantes de la izquierda radical y de la extrema derecha, un 81 % en ambos casos, quienes más favorables se muestran a que sigan las acciones de protesta.

La medida más aplaudida es la desfiscalización de las horas extraordinarias, suprimida por Hollande en el 2012 tras ser instaurada en el 2007 por Nicolas Sarkozy, a quien Macron recibió en secreto en el Elíseo el pasado viernes y algunos señalan su influencia en el giro presidencial. Varios grupos empresariales como Publicis, Orange, Altice o Iliad concederán a sus empleados la prima navideña de 1.000 euros sugerida por el presidente.

Las calles volvieron ayer a registrar manifestaciones, en este caso de estudiantes, que quieren revertir las reformas de Macron.

Moción de censura de la izquierda

Diputados socialistas, comunistas y de Francia Insumisa presentaron ayer una moción de censura contra el Gobierno de Macron por su gestión de la crisis de los chalecos amarillos. Los tres partidos ya avanzaron la semana pasada su intención de lanzar este órdago parlamentario con el objetivo de evidenciar ante los franceses que «hay otras posibilidades», según dijo el primer secretario del Partido Socialista, Olivier Faure, aunque solo suman 62 de los 577 diputados de la Cámara.

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