Europa desoye el «mayday» de Theresa

Berlín, París, La Haya y Bruselas no acceden a renegociar el texto del «brexit»

I. G.
bruselas / corresponsal

La Haya, Berlín y Bruselas. Por las tres capitales transcurrió ayer la minigira emprendida por la primera ministra británica, Theresa May, para pedir auxilio a sus socios europeos. El acuerdo del brexit se hunde en Westminster y la premier necesita que los Veintisiete lancen un salvavidas urgentemente.

El primer ministro holandés, Mark Rutte, la invitó al desayuno. Aparte de los cruasanes y las buenas palabras, poco más pudo ofrecer. La UE ha cerrado filas y nadie moverá las líneas. «Hemos alcanzado el único y mejor acuerdo posible. No hay margen alguno para renegociaciones», zanjó el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, antes de recibir en Bruselas a May.

La británica hizo antes una parada obligada en Berlín. Allí la esperaba la canciller Angela Merkel. La cita se atascó desde el principio. Las puertas del coche de May se bloquearon dejando a la tory atrapada durante 30 segundos eternos ante la mirada impertérrita de la líder germana y los flashes de la prensa. Una imagen que simboliza lo accidentado que está resultando este último tramo del brexit.

Las cosas no mejoraron durante el encuentro. Alemania extendió un muro infranqueable: no habrá renegociación. Ya lo había anticipado el ministro germano de Asuntos Europeos, Michel Roth, al resumir con retranca sus expectativas en torno al encuentro: «Espero que se deseen una a la otra unas bonitas Navidades, mucha fuerza y lo mejor para el Año Nuevo. Las negociaciones no se celebran en Berlín sino en Bruselas».

El sonoro portazo se pudo oír desde el otro lado lado del Canal de la Mancha, donde aliados y detractores exigen a May que vuelva con un acuerdo reformado. «Necesitamos una garantía legal adicional de que el Reino Unido no estará permanentemente atrapado en la solución de emergencia para Irlanda. Garantías jurídicamente vinculantes», reconoció ayer su ministro para el Brexit, Martin Callanan.

Pero Bruselas y la UE están lejos de ofrecer lo que pide el Gobierno británico. La oferta se limita a notas aclaratorias o declaraciones políticas externas al texto legal como la que se le concedió a España para calmar su inquietud sobre Gibraltar. «Disponemos de margen para aclarar o interpretar lo que haga falta», aseguró ayer Juncker. El luxemburgués repasó con May los posibles escenarios que se le abren a la británica en la cita extraordinaria de mañana en Bruselas, a la que acudirán todos los líderes europeos. La UE sigue firme. No cederá a las demandas de Londres. Se niega a reabrir el texto legal del divorcio.

Listos para el no acuerdo

«Hicimos muchas concesiones para conseguirlo así que espero que haya una mayoría en el Parlamento británico para ratificarlo, pero tenemos que estar listos para un no acuerdo», aseguró la ministra francesa de Asuntos Europeos, Nathalie Loiseau. «Lo que hemos negociado las dos partes no puede ser abierto de nuevo. Lo único positivo que veo es que los 27 estamos muy unidos en esto», abundó por su parte Roth antes de mostrarse indignado con los continuos bandazos de los británicos. «¿Está harto de nosotros?», le interpeló un periodista. La mueca en el rostro del alemán dejó entrever su hartazgo. «Estoy triste. Es verdaderamente muy triste esta situación. No solo para los británicos, también para nosotros».

Roth apuntó con el dedo a los detractores de May como responsables del espectáculo que ofrece Reino Unido al mundo. «No puedo figurarme que quienes han puesto a May en esa situación puedan querer ser los responsables de que el país se deslice hacia un brexit duro. Debemos pensar siempre en las consecuencias de nuestras acciones», apostilló. No lo ve así Callanan, quien aseguró no sentir vergüenza por la imagen que da su país: «Es normal, las negociaciones son complejas, es la primera vez que un país abandona la UE», trató de justificar. Entre todo el circo político, hay quienes consideran que este último giro de los acontecimientos ha sido milimetrado por May: «Es un teatro. Quiere mostrar que luchó hasta el final», indicó un responsable europeo.

Aclaraciones sí, pero el acuerdo de divorcio no se toca

¿Qué quiere May y cómo puede la UE acomodar sus demandas? Es la cuestión que deberán abordar mañana los líderes europeos. La premier ha pedido más garantías sobre la «temporalidad» de la solución de emergencia pactada con Bruselas para evitar una frontera dura entre Irlanda e Irlanda del Norte. Y lo ha hecho a sabiendas de que no le concederán nada que se parezca a lo que le pide Westminster para ratificar el acuerdo de divorcio. «No queremos utilizar esa solución de emergencia y si la utilizamos, queremos tener la certeza de que solo será temporal», insistió May.

La fórmula que recoge el texto exige que el Reino Unido siga vinculado a las normas de la Unión Aduanera y del mercado único si Londres no es capaz de sellar en el futuro un acuerdo comercial con la UE lo suficientemente ambicioso como para hacer innecesarios los controles y chequeos en la región. Los brexiters creen que esta cláusula convertirá al Reino Unido en un rehén de la UE.

Con esas líneas rojas sobre la mesa, el margen de maniobra para lavar la cara al brexit es muy limitado. Ante la negativa rotunda de la UE a tocar el texto legal, lo más plausible es que ofrezcan a la británica cambios cosméticos como una declaración política en la que se se subraye que la solución de emergencia deberá ser, en la medida de los posible, limitada.

Esta vía no convence en Londres. Es la misma que ofreció Bruselas a España para calmar su inquietud sobre Gibraltar sin tener que reabrir el texto del acuerdo de salida. Los británicos rechazaron su valor jurídico. Por eso exigen al menos una nota a pie de página en el cuerpo legal. De lo contrario, May se vería en la situación de reconocer la validez jurídica de esos documentos concedidos para dar legitimidad a los suyos. «Tendría su aquel que esta vez fuera el Reino Unido quien jurara y perjurara que estas declaraciones tienen valor político», aseguró ayer el Secretario de Estado para la UE, Luis Marco Aguiriano.

Otra de las alternativas pasa por hacer cambios en el texto de la declaración sobre la relación futura. Se trata de un documento de peso político, pero no vinculante. Cualquier cambio en su letra no entrañaría obligaciones para la UE, pero se corre el riesgo de que algún país utilice la tesitura para incluir en ella nuevas reclamaciones.

La «premier» deja un vacío que llenan las conspiraciones

«La primera ministra ha desaparecido y nadie nos dice cuándo se votará». El líder laborista, Jeremy Corbyn, guiaba en el Parlamento un debate sobre la cancelación del voto del acuerdo del brexit, que debía celebrarse ayer, y la Cámara de los Comunes, con una pequeña minoría de diputados conservadores presente, mostraba su impotencia. Theresa May recorría capitales europeas sin que nadie espere nada de su gira.

Corbyn es alentado por los otros partidos de la oposición a iniciar una moción de censura, pero los laboristas creen que podría dar a May un nuevo impulso, porque los unionistas norirlandeses y la inmensa mayoría de los conservadores rechazarían la moción para no provocar elecciones generales. La mano derecha de Corbyn, John McDonnell, dice que estudian la oportunidad de la moción día a día.

Algunos conservadores quieren sin embargo derribar a May. Ha regresado la cuenta de cartas dirigidas al presidente del Comité 1922, sir Graham Brady, que debe iniciar un proceso electoral en el grupo parlamentario cuando recibe 48. Se especula sobre el número alcanzado, teniendo en cuenta que Brady no puede anunciar si se llegó al umbral mientras la jefa de Gobierno esté en el extranjero.

Facciones

Diputados importantes en favor de la permanencia, como el laborista Hilary Benn y el tory Dominic Grieve, intentaban ver cómo el Parlamento puede tomar el control de los próximos pasos. Exigían que May regrese a la Cámara la próxima semana y permita un voto sobre lo que haya logrado para hacer más aceptable el acuerdo. Y entonces se podrían votar enmiendas señalando una dirección.

Pero esta ya no es una Cámara de grupos parlamentarios sino de facciones, según el veterano conservador Kenneth Clarke. Mientras Benn o Grieve quieren urgencia para orientar el actual desconcierto hacia el ingreso en el Area Europea de Libre Comercio o un segundo referendo, a otros diputados conservadores y unionistas les indigna la burla de May porque quieren derrotar el acuerdo para establecer una relación con la UE como la de Canadá o marcharse sin más.

La libra volvió a caer, pero nuevas cifras de empleo y de crecimiento de los salarios no crean el ambiente catastrófico que podría persuadir a diputados ahora opuestos al acuerdo de la conveniencia de votar a favor ante la crisis nacional.

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