Los ultras xenófobos que apoyan a Puigdemont dejan al Gobierno belga en minoría

La disparidad ideológica en el 16 de la Rue Loi, sede del Ejecutivo federal, ha conseguido durar cuatro años y medio no exentos de convulsiones


bruselas / colpisa

«Aprecio el trabajo que hemos realizado conjuntamente». Así dio carpetazo Charles Michel, primer ministro belga, a la crisis definitiva de su Gobierno de cristianodemócratas, liberales y los independentistas de la Nueva Alianza Flamenca (N-VA), los ultras xenófobos que apoyan a Carles Puigdemont. La disparidad ideológica en el 16 de la Rue Loi, sede del Ejecutivo federal, ha conseguido durar cuatro años y medio no exentos de convulsiones. Pero la estructura de alfileres que lo sustentaba cedió. Lo hizo la noche del sábado cuando los ultraconservadores de la N-VA llevaron a Michel a la disyuntiva de tener que elegir entre ellos y el pacto mundial para la migración, que hoy firmarán un largo centenar de países en Marrakech.

Este acuerdo promovido por la ONU es solo una declaración de intenciones, no es vinculante para ningún Estado, pero se ha convertido en los últimos meses en la diana de los partidos reaccionarios y los Gobiernos que exhiben mano dura con los flujos migratorios. Michel, de 45 años, ha elegido seguir alineado con ese compromiso internacional. Y el cisma en el Gabinete le deja con la difícil papeleta de agotar los seis meses que restan de legislatura en absoluta minoría. El equilibrista del Movimiento Reformador (MR), que ni tan siquiera fue el político más votado en su región, Valonia, redujo su equipo de dieciocho carteras a trece.

El primer ministro acudirá a Marruecos dispuesto a firmar un pacto para el que cuenta con el apoyo de todos los partidos de la Cámara federal a excepción de la N-VA, que, curiosamente, hasta el pasado septiembre no lo había cuestionado. No al menos con la virulencia de las últimas semanas. Michel, que incidió en que las acciones claves que guiarán los próximos meses de la legislatura serán fortalecer el poder adquisitivo, la política socioeconómica y una «ambiciosa» estrategia climática, aboga por un diálogo continuado y fluido con el Parlamento.

Su coalición solo cuenta con 52 escaños de los 150 en el legislativo federal, por lo que tendrá que buscar apoyo en otras formaciones, ya sea de la N-VA, que tiene 31 escaños, o en la oposición de siempre.

La estela de Austria y EE.UU.

En la salida del Ejecutivo de los ultras ha pesado mucho la lectura del pacto mundial para la migración que hizo el canciller austríaco, Sebastian Kurz, cuando anunció que su país tampoco la firmaría. Kurz, que también gobierna con la ultraderecha, aseguró en octubre que «tememos una amenaza a nuestra soberanía nacional».

Este pacto lo rechazó desde su gestación Estados Unidos. Una estela que han seguido Israel, Australia y varios países europeos además de Austria, partidarios de una política migratoria restrictiva. Es el caso de Hungría, Polonia, Estonia, Bulgaria, Chequia e Italia.

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