Macron agita el miedo a una guerra civil

Teme que radicales acudan a París «para destrozar y matar» tras dotarse de armas


París / Colpisa

En el palacio del Elíseo redoblan los tambores de guerra civil. Emmanuel Macron teme que un núcleo duro de miles de agitadores radicales acuda el sábado a París «para destrozar y matar», indicó un portavoz de presidencia. El primer ministro, Edouard Philippe, anunció en el Senado que más de 65.000 miembros de las fuerzas de seguridad serán movilizados en todo el país, unos «medios excepcionales». Una delegación de chalecos amarillos moderados ha pedido ser recibidos por el presidente porque «la insurrección está a las puertas de Francia y no queremos que haya muertos este fin de semana».

A través de sus servicios de comunicación, Macron juega a fondo la baza del alarmismo y la dramatización a ultranza en vísperas de la cuarta jornada general de lucha convocada por los chalecos amarillos en otros tantos sábados consecutivos. El Elíseo agita el fantasma de la guerra civil y no duda en esgrimir el espantajo de «una tentativa golpista». Es un intento transparente de deslegitimar la protesta y de disuadir a los manifestantes con voluntad pacífica de volver a las calles con el argumento de que peligrarían sus vidas.

Según Le Figaro, los servicios de información han detectado «llamamientos a matar y a dotarse de armas de fuego para arremeter contra parlamentarios, el Gobierno, el Ejecutivo y las fuerzas del orden». Este periódico revela que un ministerio importante ha recibido la consigna de prohibir al personal acudir a su centro de trabajo este fin de semana.

La evolución anunciada de la estrategia antidisturbios, que busca la detención de los alborotadores en medio de la muchedumbre, va a multiplicar los cuerpo a cuerpo y, por consiguiente, el riesgo de daños personales. «Aplicar un tiro letal a un manifestante o un agitador puede conducir directamente a la guerra civil y al caos total», advirtió el abogado Laurent-Franck Lienard, defensor habitual de policías acusados de violencia, a quien algunos agentes confesaron que dudaron en usar sus armas de fuego en los episodios de guerrilla urbana del sábado pasado.

En este crispado contexto, los chalecos amarillos libres han pedido ser recibidos por Macron porque Francia está «al borde de la guerra civil». Benjamin Cauchy, uno de los representantes de este colectivo moderado favorable al diálogo con el Ejecutivo, pidió a sus simpatizantes que no se desplacen a París. A su juicio, el presidente debe aceptar una revalorización de los salarios y las pensiones «para calmar la cólera de los franceses».

Cierre total

Varios museos de la capital permanecerán cerrados mañana, la jefatura de Policía ha pedido a los comerciantes de los barrios escenario de actos vandálicos hace una semana que tampoco abran sus puertas y ya son cuatro los partidos de la liga de fútbol suspendidos por orden gubernativa. El Gobierno teme el contagio de la revuelta a otros sectores como los transportistas, en huelga a partir del domingo, o los agricultores, movilizados desde el lunes. Más de 200 de los 4.200 liceos existentes en el país secundaron ayer los paros y hubo numerosos incidentes violentos saldados con decenas de arrestos.

Los socialistas, comunistas e izquierda radical anunciaron la presentación el lunes de una moción de censura contra el Gobierno. La iniciativa tiene nulas posibilidades de prosperar ya que esos grupos suman 62 diputados, muy lejos de los 289 necesarios para que salga adelante.

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