Macron cede a la presión violenta de los chalecos amarillos, que no se rinden

El Gobierno aplaza al menos seis meses la subida de impuestos a los combustibles


PARÍS / COLPISA

Arrollador hasta ahora en su política de reformas, Emmanuel Macron ha cedido a la presión violenta de los chalecos amarillos que ha puesto a Francia al borde de la insurrección ciudadana. El Gobierno francés suspendió ayer las subidas de la fiscalidad ecológica sobre los carburantes fósiles que motivaron la más grave crisis social en el año que lleva en el poder por temor a que el estallido de violencia contagie a otros sectores como estudiantes, agricultores y camioneros.

Pero los portavoces del movimiento que reivindica aumentar el poder adquisitivo de las depauperadas clases medias y populares juzgaron insuficientes las concesiones y llamaron a un nuevo sábado de protestas callejeras el próximo fin de semana.

«Ningún impuesto merece poner en peligro la unidad del país», proclamó el primer ministro, Edouard Philippe, para justificar la marcha atrás al cabo de tres semanas de revuelta creciente, que tuvo su apogeo el pasado sábado con escenas de guerrilla urbana en París y una docena de ciudades de todo el país. En una alocución televisada a mediodía, recordó las cuatro muertes indirectas y los cientos de heridos, muchos de ellos policías, registrados desde el inicio de la movilización el 17 de noviembre.

Tres medidas apaciguadoras

El gesto apaciguador del Gobierno afecta a tres medidas fiscales que debían entrar en vigor el próximo 1 de enero. Se trata de la subida de la tasa carbono sobre la gasolina, el fuel y el diésel; la convergencia de la fiscalidad del diésel con la de la gasolina; y el alza de los impuestos al gasoil para actividades agrícolas y pesqueras. Serán objeto de una moratoria de seis meses para permitir la puesta en marcha de «medidas de acompañamiento justas y eficaces» en la transición ecológica.

El dispositivo también concierne al previsto endurecimiento de la inspección técnica de vehículos (ITV) para «encontrar las justas adaptaciones». Además, se contempla una prima de movilidad con la finalidad de ayudar a los automovilistas que trabajan lejos de su domicilio en las zonas rurales y periurbanas sin transportes públicos.

Philippe prometió que las tarifas del gas y la electricidad no subirán durante el invierno. Esta congelación ya fue intentada en el 2004 bajo la presidencia del socialista François Hollande, pero fue anulada por el Consejo de Estado y los usuarios tuvieron que abonar la diferencia dos años más tarde.

Dos mil millones menos

El plan, que fue pactado el lunes por la noche durante una reunión de crisis con Macron y varios ministros, privará a las arcas del Estado de ingresos en torno a los 2.000 millones de euros, equivalentes a una décima de punto del producto interior bruto (PIB). Pero París se compromete a compensar esa merma con una reducción del gasto público para cumplir el objetivo oficial de un déficit presupuestario del 2,8 % del PIB en 2019 conforme a la disciplina de Bruselas. «Si los impuestos bajan, los gastos tendrán que bajar pues no queremos legar a nuestros hijos una deuda ya considerable», argumentó el jefe del Gobierno en su explicación de la marcha atrás.

Pánico a otro sábado negro en París y fútbol aplazado

Los anuncios no lograron difuminar los malos humos de la Francia del diésel, esa población provinciana y campesina que se siente olvidada por las prósperas metrópolis que concentran la riqueza y el empleo. «Los franceses no quieren las migajas, reclaman la barra de pan completa», advirtió Benjamin Cauchy, portavoz del colectivo Chalecos Amarillos Libres.

Reivindicador de una revalorización del salario mínimo y la reinstauración del impuesto a las grandes fortunas, Eric Drouet, un representante del movimiento, llamó a volver a París el sábado «cerca de los lugares del poder en los Campos Elíseos, el Arco de Triunfo y la Concordia» por entender que «es el único medio de mostrar que prácticamente todos los chalecos amarillos no están de acuerdo con las medidas anunciadas». «La gente está cada vez más motivada y organizada, seremos aún más numerosos», avisó este cabecilla poco satisfecho con el fin del conflicto.

El riesgo de un nuevo sábado negro con episodios de caos, destrucción y anarquía en el corazón de la capital francesa es tomado muy en serio por el Gobierno. De hecho, la liga de fútbol ha aplazado los partidos programados ese día en los estadios del Paris Saint-Germain y del Toulouse a petición de las autoridades gubernativas. Pero las organizaciones ecologistas mantienen la marcha por el clima prevista durante la jornada en París a la que invitan a sumarse a los chalecos amarillos.

La revuelta, que tiene en el punto de mira forzar la dimisión de Macron, ha acentuado el desgaste del presidente cuya cota de popularidad se ha desplomado hasta el 23 %, la cota más baja desde el comienzo de su mandato en mayo del 2017, según un sondeo publicado ayer. La crisis beneficia esencialmente a la ultraderechista Marine Le Pen que ha repuntado cinco puntos, hasta el 33 %, y se acerca al líder de la izquierda radical Jean-Luc Mélenchon (34 %), que ha perdido un punto pese a sus intentos de capitalizar lo que denomina como «una revolución ciudadana».

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