El pacto migratorio de la ONU resucita el espectro de la crisis en Bélgica

Los independentistas flamencos se suman a la ultraderecha europea para sabotear la firma del acuerdo


bruselas / corresponsal

Superado el escándalo que provocó el pasado año la llegada del ex president catalán, Carles Puigdemont, a Bélgica, el país se enfrenta de nuevo a una crisis política de primer rango. Esta vez no han tenido nada que ver los coqueteos del principal socio de gobierno, los independentistas flamencos de la N-VA, con los secesionistas catalanes. La frágil coalición cuatripartita sobre la que se apoya el Gobierno belga se tambalea porque la formación comandada por el controvertido Bart de Wever se niega a firmar el Pacto Mundial sobre Migración.

Los paladines del partido anunciaron ayer que no apoyarán al primer ministro, el liberal Charles Michel, quien se comprometió el pasado septiembre a incluir a Bélgica en el pacto, que busca mejorar la coordinación de las políticas migratorias y las condiciones de acogida de los refugiados en todo el mundo. «No sentimos este pacto y no lo aprobaremos. Facilita la inmigración irregular», sostuvo ayer De Wever, quien negó que la maniobra fuese una estrategia para «burlarse» de Michel. «No apostamos porque caiga el gobierno», apostilló el ministro del Interior, Jan Jambon (N-VA).

Pero lo cierto es que ninguna de las alternativas que propuso el liberal, con el apoyo de las otras dos fuerzas del Ejecutivo (los conservadores flamencos del CD&V y los liberales flamencos del Open Vld) han servido para desbloquear la situación. Los independentistas de la N-VA han preferido sumarse a la ofensiva orquestada por la ultraderecha europea para sabotear la cita del 10 y 11 de diciembre en Marrakech.

Más de un centenar de países están llamados a apoyar un pacto del que se apearán algunos Ejecutivos europeos, sostenidos por partidos ultranacionalistas y de extrema derecha. Polonia, Hungría, Austria, Croacia e Italia no acudirán a la cumbre para enviar una señal de rechazo a las políticas migratorias basadas en los principios de «responsabilidad y solidaridad» que propugna Bruselas. Los amotinados exigen que se desplieguen plataformas de desembarco de migrantes en países terceros, como prometió la Comisión Europea. La misma N-VA confirmó ayer que no apoyarán las políticas «ingenuas» de la UE hasta que esas infraestructuras de contención migratoria «hayan visto la luz».

Aunque el pacto no es vinculante, la presencia o ausencia de la firma del primer ministro belga puede poner en un brete a Michel. El liberal se encuentra ante un dilema. O cede al chantaje de sus socios independentistas y se alinea con los gobiernos eurófobos de la UE o desencadena una crisis de gobierno a pocos meses de la campaña electoral. «Es un tema difícil», admitió ayer antes de anunciar que el Parlamento belga debatiría hoy sobre la polémica. Los Verdes ya se han ofrecido para formar una mayoría alternativa. «No podemos resignarnos a ver a Bélgica en el lado equivocado de la historia», insistieron sus líderes.

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