Macron busca una salida a la grave crisis abierta por los chalecos amarillos

Pide al Gobierno que reciba a los partidos y a los representantes de la insurrección

Macron comprobó los daños ocasionados en el Arco del Triunfo y en la avenida Kleber
Macron comprobó los daños ocasionados en el Arco del Triunfo y en la avenida Kleber

París / Colpisa

El Gobierno de Emmanuel Macron busca una salida política a la crisis social de los chalecos amarillos, la más grave de sus 18 meses de mandato, que de momento descarta la instauración del estado de emergencia en Francia contemplada por algunos miembros del Ejecutivo. Al día siguiente de la explosión de violencia más virulenta en París desde Mayo del 68, el presidente francés reunió un gabinete de crisis y pidió al primer ministro que convoque a los jefes de los partidos con representación parlamentaria y a los portavoces de los manifestantes en virtud de su «deseo constante de diálogo».

Recién llegado de Buenos Aires de la cumbre del G20, Macron se desplazó al Arco del Triunfo y recorrió a pie la avenida Kléber, escenarios destacados de los episodios de guerrilla urbana registrados el sábado en París. El presidente fue recibido con aplausos por vecinos de estos barrios acomodados de la capital y con abucheos por parte de un puñado de chalecos amarillos al grito de «Macron dimisión», lema generalizado de la revuelta.

El jefe del Estado acudió a la tumba del soldado desconocido, profanada durante los disturbios y situada al pie del emblemático monumento, que fue asaltado y saqueado por los alborotadores así como numerosos comercios, restaurantes y sucursales bancarias. Los bomberos tuvieron que sofocar 249 fuegos, incluidos los de seis edificios y 112 vehículos, en los céntricos bulevares.

Acto seguido Macron presidió una reunión en el palacio del Elíseo con el jefe del Gobierno, Edouard Philippe; los ministros del Interior, Christophe Castaner, y de Ecología, François de Rugy; así como el secretario de Estado para la Seguridad, Laurent Núñez. Según la presidencia, en el cónclave no se abordó la eventualidad de declarar el estado de emergencia, reclamado por algunos sindicatos policiales y que no había sido descartado horas antes por el portavoz del Gobierno, Benjamin Griveaux.

Tampoco se barajó la disolución del Parlamento y la convocatoria de elecciones anticipadas planteadas por los dirigentes de la extrema derecha, Marine Le Pen, y de la izquierda radical, Jean-Luc Mélenchon. Ambos exigen, además, una moratoria de la nueva subida de los impuestos verdes prevista en enero sobre las gasolinas y el gasóleo que ha sido el detonante originario del movimiento de protestas ciudadanas surgido por generación espontánea en las redes sociales hace tres semanas. Por su parte el partido conservador Los Republicanos, principal fuerza de la oposición, insistió en su petición de un referendo sobre las políticas ecológica y fiscal del Gobierno.

Nueva movilización

En el gabinete de crisis Macron instó a una reflexión acerca de la adaptación del dispositivo del orden público que se vio desbordado por la acción concertada y simultánea de agitadores organizados y coordinados en la comisión de actos de vandalismo y hostigamiento a las fuerzas antidisturbios. Los chalecos amarillos ya han convocado en varias páginas de Facebook, su canal habitual, una nueva jornada de movilización el próximo sábado por cuarta semana consecutiva.

El balance de la insurrección arroja un saldo en el conjunto de Francia de 263 heridos, incluidos cinco graves, de los que 81 son policías. En total se practicaron 682 detenciones, 412 de ellas en París (378 permanecían ayer en prisión). Como dato ilustrativo de la virulencia de las algaradas, los antidisturbios lanzaron solo en la capital cerca de 10.000 granadas lacrimógenas y ensordecedoras y 140.000 litros de agua a presión.

Indignación entre vecinos y comerciantes ante los daños

Entre indignados e impotentes, vecinos y comerciantes de la plaza Étoile, donde se encuentra el Arco del Triunfo, hacían balance ayer de las consecuencias de la violencia desatada el sábado. El monumento, epicentro de las protestas, permanecía ayer cerrado al público mientras los operarios limpiaban las pintadas y despejaban la tienda del museo saqueada. Los daños ascienden a «varios cientos de miles de euros», según el presidente del Centro de Monumentos Nacionales, Philippe Bélaval.

Frédéric Perrier, dueño de una tienda de accesorios de motos en la avenida de la Grande-Armée, describió a Efe cómo trató de proteger su negocio implorando a un joven «de unos 15 años» que no incendiara las motos. «Me da igual, esta es la avenida de los ricos», le dijo. «Este es un barrio de alta gama pero nosotros no ganamos millones, mis ingresos no son mucho más altos que los de los chalecos amarillos. Claro que hay dificultades económicas pero yo hoy no puedo apoyar a los manifestantes. No sé cómo será Bagdad o Damasco, pero esto el sábado era una guerra», relata. A pocos metros, otro comerciante hacía cuenta de las pérdidas de su bar y estanco, donde se llevaron hasta el último paquete de tabaco. «En mi calle prendieron fuego hasta a los árboles de navidad», describe Catherine Louis. «Somos los franceses los que vamos a pagar estos destrozos», añade esta vecina.

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